3 de diciembre de 2007

Tercera jornada sobre la Memoria Histórica


El sábado, 1 de diciembre, a las 17,30 de la tarde, en la Sala Polivalente del Palacio de la Audiencia, tuvo lugar la tercera jornada que, sobre la I Semana de la Memoria Histórica, se está desarrollando en Soria.


Este día se proyectó el documental de largometraje “La mala muerte”, dirigida por José Manuel Martín y Fidel Cordero, quienes se ocuparon de la presentación de la misma y mantuvieron un coloquio una vez finalizada la proyección.


Durante cien minutos, los espectadores pudieron ver una película valiente y, con frecuencia, dura. Un trabajo dividido en capítulos, que recorre la más reciente historia de España, con la sangrienta Guerra Civil como eje, y se resalta la actividad que llevan a cabo las distintas asociaciones y foros de la Memoria Histórica.


También en este, como en otros documentales que hemos tenido ocasión de visionar, son las mujeres las más participativas, las que hablan con menos temor, las que acusan. Con ellas, Martín y Cordero han recogido manifestaciones de gente joven, del historiador Luis Castro, del escritor Rafael Torres, de presidentes de foros sobre la Memoria, y de los hijos y nietos de los asesinados durante la contienda.


Especialmente emocionante fue el testimonio de un vecino de Aranda de Duero, quien relató su peripecia familiar. El padre (creo que era abuelo suyo) fue asesinado y un hijo de 17 años también, por el hecho de lanzar un cohete contra los aviones franquistas que sobrevolaban el cielo arandino, lo que fue considerado, por las autoridades, una burla o provocación. El hijo y hermano, luchando en las trincheras nacionales, al volver a Aranda y conocer los hechos se suicidó. Previamente, en el mismo libro de familia, dejó escrito, a modo de testamento, el motivo de su suicidio, que no era otro que la tragedia sufrida a manos de los que mantenían los mismos ideales por los que él luchaba.


Duras las acusaciones contra algunos miembros de la Iglesia. Un fraile-falangista que, finalizada la guerra, fue a predicar Misiones. O el cura que empujaba, diligente, el camión donde se llevaban a los hombres que iban a ser asesinados. Dicen que en el bonete, o como se llame con lo que los sacerdotes se cubren, llevaba bordados el yugo y las flechas. Para contrarrestar estas actitudes, se escuchó el testimonio de un hombre que elogiaba la actitud del párroco “algo borrachín”, que se atrevió a largar con cajas destempladas a los falangistas –se intercambiaban los falangistas en los pueblos cuando iban a matar- que iban a llevarse a alguno de sus feligreses.


Manifestaciones valientes, decimos, como la reflexión “después de la guerra los obreros siguieron siendo obreros y los asesinos, ricos”. O “después de la guerra, a unos les dieron estancos y administraciones de loterías, y a los vencidos insultos”.


La cifra que se dio para los asesinados por los secuaces de Franco, tomando como base los exhumados hasta ahora y las referencias que se tienen de otras fosas, oscila entre los ciento cincuenta mil y los doscientos cincuenta mil. No se descartan las sorpresas. Son cifras para el horror.

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