9 de octubre de 2010

Se abre la fosa de los fusilados de Torrellas

Los restos de Luis Torres, Marcelino Navarro, Gregorio Torres y Feliciano Lapuente, de Torrellas. Antonio Soto y Luis Gil, aviadores murcianos, y otros de Santa Cruz y otros pueblos –cuyos nombres desconozco- van a ser exhumados.

A las nueve en punto de la mañana del sábado 9 de octubre, en pleno puente del Pilar, con la amenaza de lluvia finalmente convertida en realidad, daban comienzo los trabajos para esta exhumación, en el cementerio de la villa de Ágreda.
No estaban enterrados en el camposanto, no. Los vecinos de Torrellas fueron fusilados en Ágreda, en el paraje de “Los Cabezos”, el 20 de octubre de 1936, y manos piadosas, para evitar que las alimañas –me refiero a los animales irracionales, no a los otros que les dispararon- hicieran con los cuerpos lo que ya se había visto en otros casos, o “que los cagara la mosca”, como se dice por estas tierras, esas manos piadosas, digo, los llevaron hasta la parte civil del cementerio, un lugar pequeño y escondido, que nunca ha estado abandonado gracias a las familias de los fusilados.

A las nueve llegaban al aparcamiento del cementerio varios vehículos. Al frente de ellos Francisco Etxeberría, profesor de Medicina legal y Forense de la Universidad del País Vasco, y Lourdes, arqueóloga, su mujer, ambos miembros de la Sociedad Aranzadi. Les acompañan estudiantes para quienes la exhumación de fosas de la Guerra Civil supone unas prácticas necesarias. Llegan también vehículos de familiares de los fusilados, sobre todo de los de Torrellas, implicados por completo en la exhumación. Y con ellos, Iván Aparicio, presidente de la Asociación Soriana para la Recuperación de la Memoria Histórica “Recuerdo y Dignidad”, factótum y coordinador de todas las actividades que desde la Asociación se llevan a cabo. Después, a lo largo de la mañana, irán llegando familiares de otros fusilados, curiosos, y la señora Concepción Cacho.

Conce es hija del primer fusilado soriano en aquel fatídico verano de 1936. Su padre, Simón Cacho, está en una fosa de Egea de los Caballeros (Zaragoza), una fosa repleta de cientos de fusilados que no ha podido ser exhumada. Ella, siendo muy pequeña, vio desde el palomar de reminiscencia mudéjar, propiedad de sus padres, un edificio que se asoma al cementerio de Ágreda, cómo los fusilados de Torrellas eran introducidos al pequeño recinto donde les darían tierra, y lo pudo ver zafándose de la piedad de su hermana mayor, quien se oponía a que los ojos de Conce, de nueve años, presenciara semejante atrocidad. Desde aquella fecha, la madre de Conce, (quien además de saber que su marido había sido fusilado, tuvo que sufrir todo tipo de penalidades, incluida la quema de su domicilio), siempre que acudía al cementerio, se acercaba a rezar delante de la fosa innominada de aquellos fusilados. Aquella costumbre la heredó Concepción, y desde que se llevaron a cabo las investigaciones conducentes a la exhumación, ha permanecido junto a la fosa, al igual que Anselmo, su sobrino y nieto del fusilado Simón Cacho, explicando una y otra vez lo que ella presenció con sus cortos nueve años. Hoy, sábado 9 de octubre, también estaban los dos. Anselmo llegó preocupado porque “se había dormido”, a las diez de la mañana.

Cuando, después de levantar buena capa de tierra, con una máquina prestada por el Ayuntamiento de Ágreda, sin conductor, ha aparecido un cráneo de color achocolatado, Mercedes, la hija de uno de los fusilados de Torrellas, que ha permanecido toda la mañana sentada en una silla de tijera, ha murmurado “pobrecito mi padre”, sólo eso. ¿Es esto lo que llaman “venganza” los que todavía no han entendido nada?

Cuando Concepción Cacho ha llegado a la fosa y se ha enterado de que ya habían aparecido algunos restos, ha murmurado también “A ver si tenemos suerte ¡San Antonio bendito!”. ¿Venganza? A las doce se ha marchado a escuchar misa –recordemos que es hija de fusilado- y antes de irse ha dicho “Me voy a Misa y la oiré por intención de ellos”. ¿Es esto lo que llaman venganza los bárbaros que se oponen a las exhumaciones?

Etxeberría, el antropólogo forense y Lourdes, la arqueóloga, tiran de pala como todos, cargan la tierra en las carretillas, y manos diligentes de voluntarios la vacían en un rincón. El nieto de uno de los fusilados conduce la máquina excavadora. Iván, como todos, hora tira de pala, hora conduce la carretilla, y en los momentos oportunos, pone a funcionar la grabadora de imágenes. Las mujeres, nietas, sobrinas, sobrinas-nietas, de los fusilados, han traído, desde la casa de Torrellas que servirá de campamento base, tortillas de patatas, empanadas, agua, cafés. Todo se hace gratis, de balde, por amor, nunca mejor dicho. Todos trabajan por amor.

¡Qué fácil les resultó a los asesinos disparar, y que difícil hasta llegar a esta fecha de hoy, setenta y cuatro años después! Y, sin embargo, el ambiente que rodea la fosa, desde que la máquina holla la superficie, hasta que aparecen los primeros huesos, es de laboriosidad y de una misma ilusión: llevar los restos de los familiares junto con los otros, allí donde están padres e hijos en muchos casos. Nada de revancha. Si acaso, como un destello, la creencia de que van a aparecer vivos, o al menos reconocibles.

Durante los días del puente del Pilar, fechas que la mayoría de los ciudadanos utilizan para solaz, unas decenas de voluntarios y familiares emplearán ese tiempo y la cuota económica que le hubiera correspondido, a sacar a luz los restos de unas personas fusiladas durante los primeros días del “Glorioso Alzamiento Nacional”, según jerga usada en tiempos no demasiado lejanos. No murieron en el frente, no se les hizo juicio, simple y llanamente fueron sacados de sus domicilios, llevados al campo abierto, fusilados, y dejados al amparo de las estrellas, que no de Dios, porque eran “rojos”.

Manos piadosas les dieron tierra, y manos que luchan por los derechos humanos levantan ahora esa tierra.

5 comentarios:

Daalla dijo...

Gracias por esta sentida crónica, Isabel, la cual refleja con veracidad y con sentimiento lo vivido estos días en la fosa donde enterraron a mi abuelo y a sus compañeros.
Daniel Aldana Lapuente
(nieto de Feliciano Lapuente)

buda dijo...

Gracias a ti y tu asociación, las familias de Torrellas hemos podido hacer realidad nuestro sueño.
Mercedes Aldana Lapuente
(nieta de Feliciano Lapuente)

ANABEL dijo...

Isabel, gracias por estar ahi. Por hacer ver a quienes no han vivido estos momentos que esto no se hace por venganza ni por remover nada de nada.
Se hace por dignidad y por poder completar una parte muy importante de nuestras vidas.
Un abrazo.
Anabel (nita de Luis Torres)

Anónimo dijo...

No se entiende que personas que se tienen por demócratas pongan trabas, se opongan o simplemente critiquen algo tan humanitario como recuperar los restos y la memoria de sus seres queridos que perdieron la vida de forma tan injusta y cruel.
Manuel Maretínez

Manuel de Soria dijo...

Gracias Isabel por tu impagable labor.