20 de julio de 2011

Recuerdo y Dignidad para los fusilados sorianos


La Asociación soriana “Recuerdo y Dignidad”, ha homenajeado, en el 75 aniversario del golpe de estado contra la II República, a las más de quinientas personas fusiladas en Soria.

La noche del domingo fueron pintadas, en el centro de Soria, siluetas que conmemoraban a los fusilados. La mañana del lunes fue entregado en el Ayuntamiento de Soria un escrito en el que se solicitaba la retirada de las placas de algunas calles dedicadas a personajes que se habían significado, por su ideología fascista, durante el franquismo.

El acto más emotivo tuvo lugar en el muro del cementerio de Soria, donde el verano de 1936 fueron fusilados las personas que a continuación se relacionan. Finalizó el día con la lectura de un manifiesto y poesías relacionadas con la guerra y sus desastres, en la Plaza de Herradores, donde pudieron verse a algunos familiares de los ejecutados con fotos de ellos, a los que estuvo dedicado todo el día 18 de julio de 2011.


Fusilados en el Cementerio de Soria

Anastasio Vitoria García. Abogado, alcalde de Ágreda, pertenecía al partido moderado de Unión Republicana.  Se negó a marcharse de la villa, pese a los consejos en este sentido. Llegó a Soria, desde Ágreda, en compañía del nuevo alcalde de la villa, Pedro Cilla Valenciano. Anastasio quedó detenido en el Gobierno Civil y, posteriormente, trasladado a la cárcel. La noche del 16 al 17 de agosto, es fusilado en el cementerio de Soria, junto con los que leeremos a continuación. Después de su asesinato, “su casa fue asaltada por un grupo de falangistas; algunos muebles destrozados, la radio expoliada, su biblioteca, archivos, expedientes, documentos robados ignominiosamente y su esposa, víctima inocente de todo, maltratada de palabra y obra. Para más inri, sus bienes fueron embargados y en esta situación estuvieron durante ocho o diez años, hasta que siendo alcalde don Esteban Sevillano, les fueron restituidos”.

Juan Antonio Gaya Tovar. Oriundo de Tardelcuende. Médico, secretario del  Instituto Antonio Machado, y profesor. Padre del escritor, pintor y crítico de Arte, Juan Antonio Gaya Nuño. Fue republicano reformista, y durante algún tiempo miembro de Partido Radical Socialista. Apoyó a Artigas Arpón. Fue detenido por un grupo de requetés, a instancias de un “patriota”, el día 21 de julio, cuando acudía a atender a un herido. Permaneció en la cárcel hasta la noche del 16 al 17 de agosto. El día de su fusilamiento llevaba en el bolsillo una resolución de la Autoridad Judicial Militar de Zaragoza en la que se le declaraba exento de responsabilidad por los hechos que motivaron su detención. La viuda y sus tres hijos tardaron años en recuperar sus bienes, que le habían sido embargados al imputársele, después de muerto, responsabilidades políticas. La multa fue de 7.000 pesetas, que debieron pagar la viuda y los hijos.

Antonio Burxal.  Jefe de Telégrafos de la oficina principal de Soria. Republicano de ideología no estaba adscrito a ningún partido político. “De carácter bondadoso, era un hombre de complexión fuerte y de gran estatura. Querido y respetado por todo el cuerpo, quienes convivieron con él lo consideraban como un "apóstol laico". Un hijo suyo fue fusilado en Valladolid”.


Manuel Blanco Sampedro. Fotógrafo, pertenecía a la CNT y fue durante un tiempo director del periódico TRABAJO. En los informes dados sobre él por la Policía, decían que era “de buena conducta moral, pública y privada”. Al ser fusilado dejó dos hijos, uno de ellos el pintor Ulises Blanco, fallecido el año pasado, y otra Redención, quien se ocupa de la ONG que lleva su nombre, para atender a animales abandonados. Después de ser fusilado, su hermano Florentino escribió una carta a las autoridades ya que las deudas que pudiera tener Manuel, se las traspasaron a él. En ese escrito el hermano solicitaba que fueran deducidas de los bienes embargados a Manuel.

Joaquín María Ram Borjas. Delegado de Hacienda, llevaba residiendo en Soria -y ocupando este cargo- dos meses. No intervenía en política aunque cabe suponerse que su ideología era liberal. Se desconoce la causa por la que fue detenido, acto que llevó a cabo el conocido y activo policía Julio García Mozo en el propio edificio de la Delegación de Hacienda, sita en aquel año en el Palacio de los Condes de Gómara. Dejó dos hijas: Josefa y Rosario.

Dos personas más que no hemos podido precisar.

Hilario Borobio Cuenca, de 23 años, vecino de Soria, con domicilio en la calle Tejera, 52. Había trabajado en el pantano y fue fusilado el 11 de marzo de 1.938, en el cementerio de Soria.

Otros cementerios
Cementerio de Calatañazor
El día 8 de agosto de 1936, fueron fusilados en este cementerio Arminio Guajardo, médico de Almarza, cenetista. José Buill y Vicente Soria y Soria, maestros. José Andrés, cenetista. Mariano Cabrujas, oficial del Ayuntamiento de Soria, y colaborador habitual del periódico LA VOZ DE SORIA. Y uno más, cuyo nombre se desconoce, hasta la fecha. Con anterioridad fue también asesinado en este cementerio de Calatañazor, el diputado provincial Abundio Andaluz, oriundo de Almazán, y residente en El Burgo de Osma.
Cementerio de Las Casas
El más sangriento. 33 personas fueron asesinadas contra sus tapias. Procedentes de Noviercas, 2;  de Deza 17 en dos turnos; de Pozalmuro 6; de Castilruiz, 1; de Marazovel 2; y otros cinco cuyos nombres no se han podido averiguar hasta la fecha.
Como homenaje, estos son los nombres de los conocidos:
Benito Alejandre
Teótimo Esteban
Nicolás Gómez Gómez,
Wenceslao Alcalde Solanas
y Juan Manuel Alejandre.
Genaro Gracia
Claudio Yagüe Santos
Francisco Carramiñana
Máximo Latorre
Marcelino Latorre
Evaristo Gómez Puebla
Jesús Gómez Puebla
Juan García
Cecilio Remacha
Eusebio Lafuente
Florentino Ortega
Claudio Sierra
Teodoro Pinilla
Bernabé Abián
Feliciano Gil
Tomás Hernández
Cipriano García
Gregorio Calavia
Evaristo Forcén
Dionisio Forcén
Adolfo Laorden Beamonte
Deogracias y Agapito Domínguez García

Cementerio de Molinos de Duero
En este cementerio fueron fusiladas tres personas de El Royo, dos de ellos hermanos, Gabriel y Miguel Pérez Molina, el primero maestro; y un trabajador del Pantano de la Cuerda del Pozo, de quien sólo se sabe su apodo: “el Barroso”.

Cementerio de Montenegro de Cameros
A este cementerio llevaron a fusilar a unas doce personas de otros pueblos de Cameros. De nueve se conocen sus nombres, y del resto no. Los nombres son: Pedro Soldevilla; Vicente Velilla; Santos Velilla; “El Chairo”; “El Tarteras”; Toribio Ruiz; y los hermanos Barrio.
Manifiesto leído en la plaza de Herradores

Manifiesto leído en la Plaza de Herradores


Hoy estamos aquí para hacer un Homenaje a los civiles sorianos asesinados por el fascismo. Sabemos todos que los hechos acaecidos a partir del 18 de julio de 1936 no se limitan a Soria, sabemos bien que forman parte de una verdadera tragedia para la mayoría de los españoles, una tragedia que rebasó nuestras fronteras. Sabemos también, que a día de hoy, 75 años después, nadie se ha  sentado en el banquillo de los acusados. Sí, uno ha sido enjuiciado, precisamente el juez Baltasar Garzón, quien trataba de investigar lo que los fascistas llaman “heridas cerradas”, y nosotros denominamos “gran injusticia histórica”.

En Soria no hubo frente de guerra. Existían, sí, organizaciones sindicales y partidos políticos de izquierdas, como en cualquier ciudad, o pueblo de España. Pero, dada la escasez de mano de obra industrial y el minifundismo de la tierra que hacía de cada agricultor un pequeño propietario, apenas existían conflictos laborales. Estos se dieron, fundamentalmente, en el sector ferroviario, y fueron sus empleados, en localidades como Arcos de Jalón, Coscurita y Cabrejas del Pinar, y otras, los que más sufrieron el asesinato y la represión. Que no hubo nada punible en Soria, queda demostrado en la “Causa General”, creada por Real Decreto de 26 de abril de 1940, a fin de instruir “los hechos delictivos cometidos en todo el territorio nacional durante la dominación roja”. Hemos podido consultar un documento del Partido Judicial de Medinaceli, en el que caben 34 pueblos. Sólo aparece una persona muerta de quien no hemos podido averiguar su dedicación ni las circunstancias de su muerte, se trata de Lorenzo Olmedo Arrieta

Dicen los historiadores que los primeros días de la rebelión militar, los dirigentes sorianos tuvieron en sus manos todos los resortes para haberle hecho frente. Los resineros de la comarca de Almazán vigilaban algunas carreteras. La Guardia Civil colaboraba en Almazán con su alcalde, Teodoro del Olmo. Los ferroviarios; los obreros del pantano de la Cuerda del Pozo, que se construía por la fecha; vecinos de Deza con su alcalde al frente, y tantos otros, dispuestos a luchar. El final hubiera sido el mismo, pero al menos se les hubiera dado la oportunidad de luchar por sus ideales.

Es necesario volver a repetir que en Soria y su provincia fueron asesinadas 396 personas documentadas al día de la fecha. Veinticinco años antes, cuando se publicó el libro “La Represión en Soria durante la Guerra Civil”, se habían documentado 281. Ciento quince más, y sin haber podido investigar a fondo. Estas cifras son escalofriantes, pero no son todas, aunque sí las más significativas por tratarse de asesinatos.

El ritual tenebroso para tantos sorianos comenzó el 28 de julio, con el asesinato, en Egea de los Caballeros, de vecinos procedentes de Ágreda. Y continuó durante meses, alcanzando hitos como el del día 6 de agosto de 12 vecinos procedentes de Arcos de Jalón, a quienes dispararon en Fuentelcarro. O los 10 sacados de la cárcel del Burgo de Osma, y muertos en Barcones. O los 7 procedentes de Santa María de las Hoyas, pasados a mejor vida en los Altos de Herrera de Soria. O los 9 sacados de la cárcel de Berlanga de Duero, para ser fusilados en “El Vergazal”, de Velamazán. O los 16, prisioneros en El Burgo de Osma, asesinados el 1 de septiembre en Bayubas de Abajo. O las decenas y decenas de personas atadas entre ellos, fusilados en muchos parajes de las denominadas “Matas de Lubia”. Así, hasta casi cuatrocientos fusilados y 104 parajes de fusilamientos.

Y siempre con la misma escenificación: un camión con personas vestidas de azul y orladas de correajes, a veces un sacerdote para escuchar las confesiones, llamada a la puerta (“¿Qué quiere esta gente que llama de madrugada?”, cantaba María del Mar Bonet), y la esposa, o la hija, o la madre, que salían acompañando a quien ya era casi difunto, con la chaqueta en la mano, porque ya sabemos que de noche en Soria refresca. Y casi siempre la misma respuesta por parte de los asesinos: “No le va a hacer falta”.

Hemos dicho que la cifra de 396 muertos, con todo y ser las más significativas, no son únicas. Y aparecerán más, cuando se pueda investigar cuántos de los prisioneros en el Cuartel de Santa Clara, llegados desde Sigüenza, fueron fusilados en las “Matas de Lubia”, fundamentalmente. Era necesario hacer sitio, liberar en parte huecos para encarcelar a más personas. Todo se quedaba pequeño. Primero fueron los calabozos del Gobierno Civil, y le siguieron la Prisión Provincial, la ermita de Santa Bárbara, el Cuartel de Santa Clara, el fielato de la avenida de Valladolid, y las cárceles de los pueblos, la más significativas las de El Burgo de Osma y Berlanga de Duero.

Hay otras cifras. Enrique Barrera Beitia documenta 502 juicios a otros tantos sorianos. Entre ellos, 29 sumarísimos a vecinos de Cabrejas del Pinar. La Causa 1144-37, refleja 47 juicios sumarísimos a otros tantos vecinos de Langa de Duero. Consejos de Guerra, condenas a perpetuidad, y Responsabilidades Políticas, que no ahorraron ningún sufrimiento, no ya a los encausados, muchos de los cuales habían sido fusilados previamente, sino a sus familias. Madres, mujeres e hijos que debieron hacer frente a multas elevadísimas y embargos sobre sus escasos bienes. Eran susceptibles de caer en Responsabilidades Políticas casi todos, por el sólo hecho de haber vivido cumpliendo las leyes de la República, se trataba, no ya de una paradoja, si no de una tremenda burla ideada por los sublevados. Eran juzgados aquellos que hubieran pertenecido a un partido declarado ilegal por ellos mismos, o sea, todos los partidos, a excepción del Movimiento Nacional. Los que fueron candidatos o apoderados de esos partidos. Y hasta los que pertenecieran a la Masonería.

Pero hay más. Decidieron las autoridades franquistas dar salida a la escasa y depauperada fuerza que todavía mantenía en pie a los presos, en muchos casos gracias al esfuerzo de la familia, creando Campos de Trabajo, o Batallones de Trabajo, al estilo del nefasto instalado en el Valle de los Caídos, pero en pequeño. Los más importantes y documentados fueron los de Soria capital, Burgo de Osma, Medinaceli y Santa María de Huerta. Aunque batallones hubo también en Somaén, para mantenimiento de la vía férrea. En Ágreda, donde plantaban chopos y podaban arbolado. La carretera que sube al castillo, desde Soria, fue hecha por presos políticos.

Hubo más formas de represión. La sufrida por los maestros fue, como la sombra del ciprés, alargada. Habían ejercido su magisterio durante cinco años bajo las leyes de la II República, y por haberlas cumplido, perdieron la vida muchos, y el trabajo la mayoría. Y la relación de malos patriotas, por no contribuir al día del “Plata Único”, cuyos nombres eran publicados en el BOP. La mayoría no podían ni comer ellos ¿cómo iban a contribuir para que comieran los demás?
En muchas ocasiones hemos escuchado decir que todo esto de la Memoria Histórica se puede traducir por revanchismo, por que no olvidamos. En el año 1982, la Revista Magazin Actual, en su número 26, ofrece una relación de las personas significativas que iban a ser fusiladas o represaliadas, si el golpe de Estado de febrero de 1981, el Tejerazo, hubiera triunfado. En el apartado de Soria, entre otros, hubieran tenido los días contados el histórico dirigente de Comisiones Obreras de Soria, Mónico Vicente, y el ya represaliado en 1936, e histórico también del PSOE, Pedro Marrón Sampedro. No hacen falta más comentarios.
Hoy estamos aquí para homenajear a todos los represaliados sorianos. Hasta el inicio de esta forma de gobierno llamada democracia, eran los falangistas quienes, vestidos con traje de gala y correajes, brazo en alto, celebraban la victoria, pobre victoria, sobre los rojos. Escuchaban misas dando vivas a Franco y a José Antonio. Ahora hemos recuperado este día, si bien con otro significado. Se trata de una reivindicación de los luchadores por la libertad. Es, ni más ni menos, que una forma de luchar también, haciendo que nadie olvide lo que sucedió. Que sepan que lo sabemos.





17 de julio de 2011

75 Aniversario de la Revolución



A las 11,30 de la mañana del pasado sábado 16 de julio, dieron comienzo los actos de conmemoración del 75 Aniversario de la Revolución Española. Fue en el salón de actos del Centro Cultural Gaya Nuño, y comenzaron con una película-documental sobre la intervención en ella de los anarquistas –FAI y CNT-. Testimonios de personas libertarias ofrecieron la dimensión de esa intervención y de ese momento histórico, cuando a punto estuvo la utopía de hacerse realidad.
Con esa misma argumentación, Antonio Ruiz Vega dio una charla, a la que siguió la de Jacinto Ceacero, miembro de la CGT, sindicato organizador del acto.
Siguió una fiesta libertaria, en la plaza del Olivo, con actuaciones de grupos musicales y degustación de paella.
Hasta el día 21 de julio podrá visitarse, en el Palacio de la Audiencia una exposición que conmemora el XXV aniversario de la unificación de la CGT.