10 de junio de 2014

Redención Blanco. Buen viaje, Reden

Foto: Julián G. de la Mata
Redención Blanco Arribas, Reden, falleció hace unos días. Había fundado una asociación que lleva su nombre, en mayúsculas, REDENCIÓN, para dar cobijo a los animales que sus desaprensivos amos abandonan. Se conoce que encontró más gratitud en ellos que en algunas personas, y no le faltaba razón. Hacía por ellos todo lo necesario, buscaba donde hubiera. Recuerdo que hace unos quince años encontramos, abandonados en el monte de las Ánimas,  una camada de perrillos mastines. Se los llevamos y vio el cielo abierto, pues al regalarlos, los receptores seguro que iban a ser generosos y proporcionarían comida para sus otros pobres animales sin pedigrí.
Se la veía subir desde la finca de San Polo –en los últimos años ya no- caminando con cierta dificultad, siempre sonriente y amable.
Redención era, en sí misma, un personaje. No necesitaba aditamentos, dejó la ONG REDENCIÓN, que presidía, en funcionamiento, pero hay que decir que el pintor Ulises Blanco era su único hermano. Y era hija de Manuel Blanco Sampedro, fotógrafo, hombre de quien, a decir de sus conocidos, le adornaban grandes virtudes humanas, austero, y cenetista, uno de los fundadores de la CNT en Soria, cuyo órgano de difusión TRABAJO, dirigió durante un tiempo. Y, curiosamente, a decir de los encargados de informar a la Falange, un hombre de “conducta moral, pública y privada intachable”. Pese a eso, fue asesinado la noche del 16 al 17 de agosto de 1936, contra las tapias del cementerio de Soria, junto a Anastasio Vitoria (alcalde de Ágreda), y al doctor Gaya Tovar, entre otros. Tenía cuarenta años.
Nunca hizo su hija bandera de este hecho tristísimo e injusto, criminal. Si guardó rencor, no lo dijo. Pero lo que sí sabemos, porque participó en una jornada sobre la Memoria Histórica, y porque en alguna ocasión habló del tema, es que su vida y la de su familia, fue dura, muy dura. Al hecho del asesinato del padre, hay que añadir que se le hizo expediente de responsabilidades políticas, le fueron embargados todos sus bienes, entre ellos, el material fotográfico. Ignoramos si también en el caso de la familia Blanco, como en la de Apolinar Garijo, de Almazán, las imágenes que tomaron a lo largo de años, fueron expoliadas y tomadas como propias.
Ella sabía quiénes la habían dejado huérfana, a veces les vería pasar cerca. Una vida dura que Redención Blanco supo llevar con dignidad, convertir el odio en amor hacia unos seres indefensos que dependían de ella y de algunas personas, pocas, que le ayudaban en la tarea.
Parte de sus cenizas serán depositadas en el lugar donde su padre y otros infortunados compañeros perdieron la vida, se la arrebataron. Permanecen, como cientos de sorianos, sin exhumar, sin lápida, sin saber el lugar exacto donde poder dejar unas margaritas.

Reden se ha ido, pero si es cierto eso de que somos aquello que hacemos, ella se habrá marchado satisfecha de haber entregado su vida a los demás, en su caso, a animalillos desprotegidos.

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