26 de marzo de 2010

El sentido patrimonial del Estado



Desde que hace dos meses no veo ni leo noticia alguna me siento mucho mejor. Aunque haga frío, voy a Tierras Altas de Soria a hablar con los trashumantes, todos mayores de ochenta años, y me olvido de los políticos, banqueros, y demás que han convertido este mundo en una pesadilla. Me comentan estos nobles pastores de la sierra la dureza de su vida cuando recorrían cientos de kilómetros con el ganado, la preocupación actual por la desaparición de las especies, el abandono de las aldeas, y yo les sugiero lo felices que deberían sentirse de que ningún político se fije en sus hábitats y les dejen vivir en paz.
Pero a veces, conduciendo a ochenta kilómetros por hora, el viaje se hace largo y se cae en la tentación de conectar la radio. O, ya en casa, de ver los titulares de los telediarios. O de conectarse a noticias en internet. Y vuelve la zozobra y la angustia al comprobar lo fácil que podría ser todo y lo difícil que lo hacen aquellos que deberían velar precisamente por lo contrario.
Y es que el caso del juez Baltasar Garzón hace saltar hasta a los muertos de las cunetas. A mí también me ha parecido el juez Garzón estrella en exceso, pero habrá que reflexionar sobre ello, aunque sea un instante, y decir que de eso tienen la culpa los medios de comunicación. ¡Cuánto daño están haciendo los medios! Y no me refiero a los pobres periodistas mileuristas, que comienzan su carrera con toda la ilusión del mundo, hasta darse cuenta de la mierda que hay dentro. Ni tampoco a los medios de provincias. Me refiero a esos monstruos de la comunicación tipo Pedro J. y Losantos, capaces, no ya de remover la mierda, que estarían en la obligación, sino de crearla ellos mismos para revolcarse en ella como los cerdos. Así que, el estrellato del juez Garzón, se debe a ellos, que le endiosaron para después tratar de hundirlo en la miseria.
Tal vez si recorriéramos los recovecos de las leyes que cientos de personas paren a lo largo de una legislatura, siempre para apoyar el sistema que ellos llaman democrático, encontraríamos el motivo por el cual el juez Garzón ha prevaricado. Tal vez los jueces nos lo expliquen. Quizá ese poder judicial tan independiente que se divide en conservadores y demócratas, y ese Tribunal Constitucional, presidido en tiempos por Jiménez de Parga (investigar en Internet y en la biografía de Lorca hecha por Ian Gibson, porque yo aquí no voy a decir nada), sean capaces de desentrañar y explicar a la ciudadanía el motivo por el cual el juez Garzón podría ser juzgado.
Pero en realidad, parte de esa ciudadanía lo que entiende muy bien es que ha sido denunciado por la derecha más retrógrada, por los fachas más execrables, por camisas azules renovados que, sólo en Soria, podrían haber llegado a matar, fríamente, a quinientas personas, atadas, entre julio de 1936 y enero de 1937.
Si a esto le unimos la anulación de las escuchas del caso Gürtel, podríamos concluir en que la derechona siente el Estado como algo patrimonial.