14 de diciembre de 2007

Cuestión de Justicia y Dignidad

Iván Aparicio
Presidente de la Asociación Soriana para el Recuerdo y la Dignidad

Un amigo me dice que me estoy politizando. Yo le doy crédito, porque además es muy buen amigo, pero creo que llama politizar a tomar partido por un (lo que tiene cojones en llamarse) bando. A mí me duelen igual todas las muertes, pero hubo un ataque a la posibilidad de justicia, un ataque que implicaba el desprecio por la vida (de
l@s español@s), premeditado, con ayuda del fascismo (o sea con ayuda del racismo, antisemitismo, jerarquización, desigualdad social, injusticia, antidemocracia, yugo, terratenientismo...), cruel, traidor, genocida... y que las excusas que tienen ahora sus defensores, se fundamentan en argumentos de derechos que abolió cuando arranco el poder. La mayoría luchó donde le tocó, pero muchos lucharon defendiendo la libertad, la justicia, la democracia... y aunque sufrió todo el mundo, y salió lo peor de cada uno sin distinción política, hubo unos defensores de lo que ahora vemos como "bueno" (aunque tambien ahí había lobos horribles), y lo vemos "bueno", por correspondencia con unos valores morales de igualdad y progreso que fueron cercenados durante 40 años con metodos contra los derechos humanos.

Me parece justo hablar de lo que ha estado condenado al silencio tanto tiempo, porque pienso que este silencio impuesto, no solo es injusto para los que defendieron al pueblo (que es lo que somos todos y se lo debemos), si no porque es injusto para cada muerte que se produjo, y además, porque encierra la mayor parte de injusticias y conflictos sin resolver en la actualidad, el primero el enfrentamiento a causa de todo este tema.

A parte somos un país que ignora el derecho internacional y que presume de una transición que están copiando otros paises con conflictos posteriores. Los que se han enriquecido en esos paises a costa del horror, el robo, la muerte... no ignoran lo que las organizaciones de derechos humanos llaman "el modelo de impunidad español" y que se exporta para la consolidación de la injusticia: Un asalto al poder, premeditado, la abolición de los derechos humanos, la instauración de un poder, el enriquecimiento, el empobrecimiento y ejecución del agredido, miedo... y luego la impunidad del opresor, pero hasta quienes copian el modelo de impunidad han sido juzgados.

A parte, la española es la historia más triste de todas las luchas por la libertad. En las zonas que entregan el poder a los militares, los que estaban relacionados con ideas de izquerdas son llamados a los cuarteles, encarcelados o asesinados. Una vez derrotados por la traición, los republicanos españoles son llevados tras la guerra y el exilio a los campos de concentración nazis cuando Alemania ocupa Francia. Los que no son atrapados se unen a la resistencia y la 9ª de Leclerk llega al Ayuntamiento de París un día antes que el propio Leclerk y tres antes que De Gaulle. Aquí se les ve como uno de dos bandos y en toda Europa tienen monumentos, aquí se discute si Franco era bueno y en Chile, con menos libertades, se juzga a Pinochet , aquí Pio Moa, Cesar Vidal, Jiménez Losantos... son fénomenos mediáticos o editoriales y en Alemania se manda a quien niega el holocausto 3 años a la carcel, en Suiza una inmigrante ilegal española preside el parlamento y aquí manifestaciones anti inmigrantes matan jóvenes..

Cómo no va a pasar ahora en Irán?, cómo va a haber aquí justicia? Si no condenamos lo que ha pasado, si no ponemos mecanismos para que no pueda (fisicamente) pasar, ¿cómo entre neonazis, religión, eta, catalunya, euskadi, madrid-barça, navarra, solidaridad entre comunidades, sanidad, pensiones, fin de mes, hipotecas, islam, china, pp, nacionalismos, pseudoizquierda y 27000 millones de cosas manipuladas... vamos a evitar que vuelvan a perder la cabeza unos enfermos y nos impliquen a todos? Nadie ha negado las mentiras que llevaron a la guerra en España y peor aún, nadie ha pedido responsabilidades a los culpables, y lo peor de todo: nadie ha reconocido un mínimo de dignidad a las víctimas y un recuerdo de lo que ha ocurrido hace nada, salvo los voluntarios de unas pocas asociaciones, a las que el estado nos acaba de encargar la tarea de limpiar los restos de una guerra civil y que deja sin derechos a las víctimas de un alzamiento militar.
Iván Aparicio

7 de diciembre de 2007

Finalizaron las Jornadas sobre Memoria Histórica

Lunes, 3 de diciembre

“La memoria es vaga”

Dirigido por Katie Halper, se proyectó el lunes, 3 de diciembre, un documental titulado “La memoria es vaga”. Alrededor del Valle de los Caídos, en paralelo a una visita guiada, se van intercalando opiniones y la historia real de la construcción del monumento más grande de Europa. Personas relevantes de la Cultura –Nicolás Sánchez-Albornoz, forzado colaborador del Valle-, Juan de Ávalos –escultor de las figuras-, José Utrera Molina –ministro franquista-, algunos expresos que dejaron la salud en aquella obra propia de una mente megalómana, como era la de Franco, y algún falangista –con la foto del dictador junto a él- tratando de desvirtuar la realidad, como viene siendo habitual.


Los expresos hablaron de sus experiencias en aquel duro trabajo obligado, por el que redimían unas penas tan injustas como el propio régimen. Diez horas diarias de trabajo, ocho para el Estado. Recordaron el elevado número de muertes –de 3 a 8 diarias- y el exiguo salario, casi una limosna, que enviaban a las mujeres e hijos de los casados.


En 1958 –desde el Decreto de 1-4-40- finalizó la obra esperpéntica, dieciocho años de trabajos forzados. Entonces se dijo que podrían enterrarse en él también los “rojos”, siempre que fuesen católicos. Pocos familiares fueron los que consintieron tamaña humillación.

Impresionaba ver la dignidad de esos hombres, ya muy ancianos, las lágrimas de alguno de ellos al volver por primera vez al Valle de los Caídos después de muchos años, y las opiniones de alguno, pidiendo que dejen el monumento como está a fin de que a la gente le sirva de recuerdo “de lo que no debe ser”.

Martes, 4

Floren Dimas Balsalobre, investigador histórico y presidente de la Asociación de Memoria Histórica “Amigos de los Caídos por la Libertad”, de la Región de Murcia.
“Carencias, mentiras y trampas de la Ley de la Memoria Histórica”.
Los puntos sobre los que se disertó, aparecen íntegros en texto aparte.

Miércoles, 5

La Semana de la Memoria Histórica, organizada por la Asociación Soria Recuerdo y Dignidad, se clausuró el miércoles, 5 de diciembre, con la interesantísima charla a cargo del Francisco Etxeberría, antropólogo forense, premio Derechos Humanos René Cassin, con el título “Exhumando fosas, recuperando dignidades”.


“No nos interesan las gran Historia de la Guerra, nos interesan las historias de las personas, de lo individual”, dijo Etxeberría”. Recalcó el valor simbólico de su tarea, puesto que las exhumaciones han detenido el recorrido miedo-olvido-ignorancia-negación-inexistencia. Recordó que las primeras exhumaciones protocolarias, las del Bierzo, fueron paradigmáticas, acudiendo a ellas medios de comunicación de otros países. Hizo repaso por otras exhumaciones, como las del franquismo de 1957-58, para exhumar a los suyos y llevarlos al Valle de los Caídos y, en casos aislados, alguna de los perdedores, aquellas que tuvieran parientes representativos, como religiosos. De otras exhumaciones “a la brava”, como se dio en Navarra, La Rioja, Soria, Palencia…


Hizo también un recorrido por la actitud de la izquierda y la derecha ante el comienzo, en toda regla, de las exhumaciones. En el año 2000, la izquierda se mostró sorprendida, incómoda, puesto que este hecho no estaba en su diseño, mientras que la derecha mostró indiferencia. En el 2003, la derecha mostró una actitud enfadada. En el 2006, la izquierda controla la situación y la derecha se muestra beligerante.

En cuanto a la preocupación porque las heridas se abrieran, según Etxeberría, ha sucedido todo lo contrario. Sobre todo, la localización de las fosas ha puesto al descubierto una verdad innegable, como la de Valdediós (Asturias), donde se dio la circunstancia de que la propia prensa asturiana negaba la existencia de una de ella, llegando a descubrirse. En su interior había diecisiete personas asesinadas, once de ellas mujeres, enfermeras del psiquiátrico, es decir, funcionarias de la Diputación de Asturias, de donde dependía el hospital. La fosa de Fontanosas, en Ciudad Real, llegó a descubrirse gracias a una carta anónima recibida por el alcalde, en la que el remitente decía exactamente dónde estaba, puesto que él mismo se había visto obligado a participar en las ejecuciones.

Hizo recomendaciones para homenajear a los muertos y reparar en parte la injusticia de aquellos asesinatos. Por ejemplo colocar placas en los muros y lugares donde fueron ejecutados y convocar plenos nombrando a los muertos y haciendo entrega de una copia de los mismos a los familiares.
La Asociación Soriana Recuerdo y Dignidad puede felicitarse por el resultado de esta primera Semana de la Memoria Histórica, por la organización, por la calidad de los conferenciantes y de las proyecciones, y por la asistencia de público verdaderamente interesado en el tema. Y también por la colaboración de Nuria, de ADIA, que ha estado presente en todos los actos que acudieron personas sordas, haciendo que llegaran hasta ellas los mensajes de los conferenciantes, todos ellos, por cierto, han acudido de manera altruista.

Charla de Floren Dimas


Charla de Floren Dimas, el martes, 4 de diciembre, durante la Semana de la Memoria Histórica, organizada por la Asociación Soriana Recuerdo y Dignidad


CARENCIAS, MENTÍRAS Y TRAMPAS DE LA LEY DE LA MEMORIA HISTÓRICA (MH)

INTRODUCCION

a) ¿Porqué el PSOE se decide a abordar el tema de la Memoria Histórica? (explicación)
b) Significado de la “Memoria Histórica” (diferentes ópticas)
c) Memoria Histórica Democrática, un concepto asumible por todos (los demócratas)
d) El falso debate sobre la Ley de la MH y la censura de los medios de comunicación.


1. LA IMPUNIDAD.- La ley aprobada es, en realidad, una ley de Punto Final que supera incluso al decreto de amnistía de 1977. Al contemplar solo medidas administrativas y no judiciales, consagra el llamado modelo español de impunidad. Es decir, en España se puede dar un golpe de estado militar, de puede originar una guerra civil… ¡¡y no pasa nada!!. No hay responsables, ni culpables, ni juicios ni condenas.


2.- SE INCUMPLEN LAS LEYES INTERNACIONALES SOBRE DERECHOS HUMANOS que señalan las medidas legislativas a tomar en relación con las consecuencias de a guerra civil.


3.- SE INCLUMPLE el art- 607.bis del Código Penal español que señala las penas para los responsables de crímenes de lesa humanidad y tipifica la naturaleza de los delitos coincidentes con los perpetrados por el franquismo contra la población civil.


4.- LA LEY NO ILEGALIZA AL FRANQUISMO. Tampoco lo hace con sus tribunales represores y en consecuencia no anula sus sentencias. En su lugar emplea el término “ilegitimar” que carece de aplicación alguna jurídica, es decir, no tiene ningún efecto.


5.- LA “ILEGITIMACIÓN” que hace de tribunales y sentencia no tiene validez para exigir la nulidad de las condenas, pues habría que cambiarse la Ley en Enjuiciamiento Criminal, cosa que no se piensa hacer.


6.- LA LEY DEROGA el Bando de Guerra de 28-08-36 y otras leyes, que creíamos ya estaban derogadas por la Constitución de 1978 (disposición final primera); se incurre así en una aberración jurídica: ahora mismo y por estar vigente la ley marcial de 1936, todos podríamos ser fusilados sin previo juicio. Es más: según esta Ley la constitución de 1978 no sería tampoco legal, puesto que tiene preeminencia sobre ella el bando de guerra en vigor a fecha de hoy… según el PSOE y sus aliados.


7.- LA IGLESIA podrá conservar las placas de los Gloriosos Caídos por Dios y por España por tratarse de recuerdos, y ser estos autorizados por la ley.


8.- LA RETIRADA DE LAS SÍMBOLOS FRANQUISTAS. La Ley no es imperativa, si no que “insta” a hacerlo, cosa que se hará cuando les dé la gana a las administraciones públicas (p.e. a los ayuntamientos) al no establecerse un plazo de ejecución. Los ayuntamientos del PP han encontrado la excusa perfecta: lo haremos cuando la comisión que vamos a crear termine sus deliberaciones. Algunos ayuntamientos del PSOE murciano, como el de Beniel, también dice lo mismo.


9.- LA LEY DECLARA ILEGÍTIMOS tanto a los tribunales militares franquistas y sus sentencias, como a los jurados populares de la República, es decir, que la familia de José Antonio Primo de Rivera es considerada como “víctima de la guerra civil” y podrá pedir la anulación de la sentencia.


10.- LA LEY DEJA EL VALLE DE LOS CAIDOS COMO ESTÁ. Tan solo se prohibirán los actos políticos dentro del recinto, pero los restos de Franco y el del fundador de Falange (la Gestapo española) presidirá “espiritualmente” la significación original del monumento. Se aplican únicamente cambios cosméticos.


11.- LA LEY NO ILEGALIZA LOS PARTIDOS y organizaciones de corte totalitario, especialmente la Falange (¿cabe imagina en Alemania la existencia de un Partido Nacionalsocialista?)


12.- LOS DESAPARECIDOS.- Los familiares quedan abandonados en la búsqueda de sus desaparecidos –que la ley privatiza- al no crear el estado una oficina de ayuda, como sí lo hecho para las víctimas del terrorismo (del GRAPO y ETA). Seguirá el peregrinar con los archivos y los registros civiles en una búsqueda llena de desalientos y decepciones..


13.- LAS FOSAS COMUNES.- Llevarse un jarrón de una excavación arqueológica es un delito de expolio castigado con pena de cárcel. Excavar una fosa común y sacar los restos de republicanos asesinados de un tiro en la cabeza, puede hacerse sin reparo alguno. Ningún guardia civil nos pedirá cuentas. Es legal. Al no judicializarse la recuperación de los restos en estas excavaciones espontáneas, SE DESTRUYEN LAS PRUEBAS DEL CRIMEN y se vulnera la legislación internacional que obliga a que estas acciones sean promovidas a instancias judiciales por tratarse de crímenes contra la Humanidad.


14.- LOS PATRIMONIOS INCAUTADOS por el franquismo se devolverán… pero solo a los partidos políticos y a los sindicatos. Es parte del pacto para aprobar la ley. Las casas, las tierras, los negocios incautados a los particulares, no se devolverán. La Ley del Embudo.


15.- LA EPOPEYA DE LA LUCHA GUERRILLERA contra el franquismo, solo se cita en el preámbulo una sola vez. No hay medidas para el reconocimiento jurídico de los guerrilleros. Para la ley no son excombatientes. Como tampoco lo son los españoles que lucharon con los aliados contra los nazis. y para los republicanos españoles asesinados en los campos de exterminio.


16.- MILITARES DE LA U.M.D..- Los valientes militares que en la última etapa del franquismo se organizaron para promover un cambio del régimen, y sufrieron penas de prisión, vejaciones y expulsiones de las FAS, tampoco la ley contempla ningún reconocimiento de tipo jurídico, ni se les reconocen sus ascensos ni compensaciones por su expulsión de las FAS..


17.- LA LEY ES INJUSTA.- Porque ignora las leyes de la ONU, porque ignora el código penal español, porque pone en un mismo plano a las víctimas y a los verdugos, porque no reconoce JURÍDICAMENTE la condición de víctima del franquismo y porque, en definitiva, es una ley hecha por los perdedores para los vencedores de la guerra civil, al declarar la impunidad de los vencedores y de los verdugos.



Murcia, 26 de noviembre de 2007

6 de diciembre de 2007

Clausura de las Jornadas de Memoria Histórica

Ayer miércoles 5 de diciembre de 2007, depues de una magnífica charla de Francisco Etxeberria, los abrazos entre los asistentes ponían fín a la Semana de la MH, en un gesto dinámico contra la ignorancia que mata mujeres y la ignorancia que acabó con la vida (esta vez) de Carlos Palomino a manos de un neonazi; ambas, tipos de fascismo en dos de sus caras tristemente más actuales.
Toda la Semana ha estado presidida por la exposición de Jose Mª Rojas, de la Asociación de Aranda de Duero y referente ineludible de la Memoria Histórica de la Ribera del Duero.
Fotografías de personas desaparecidas o fusiladas, se suman a tesoros de la investigación en archivos, información sobre exhumaciones, cartas personales, y un largo etc ,todo poniendo nombres y rostros a los que lucharon por defender unos valores que seguimos teniendo dentro y una libertad y justicia que ¿hasta donde podría habernos llevado?
Era Jose Mª tambien el encargado de la inauguración. Con una charla que enganchaba desde la primera palabra, relataba en primera persona su trayectoria, desde sus comienzos hasta septiembre de este año, donde por fín encontraba en una fosa en La Andaya la corporación del ayuntamiento de Aranda de Duero, "sus concejales". Unas 80 personas acudían a esta cita y parte de ellas, podían hacerlo porque Nuria, de la asociación de personas con discapacidad auditiva de Soria (ADÍA), iba trasladando a lengua de signos lo que se decía en la sala, un hecho que desgraciadamente, es novedoso.
El viernes era Jose Mª Pedreño, el presidente de la Federación estatal de Foros por la Memoria quien desvelaba entresijos de un hoy que esconde mucho, resolviendo los ques y los porques de la Memoria Histórica.
El sábado eran Jose Mauel Martín y Fidel Cordero quienes presentaban la proyección de su obra: "La mala muerte", un completísimo documental. Tambien participaban activamente en el debate posterior que tocó temas interesantes e inusuales algunos de ellos, como la importancia de determinadas disciplinas y sus genios exiliados, no muy conocidos, más allá de los poetas que lograron superar la barrera del olvido. Tambien se hablaba de la mujer, la ley de MH,...
El lunes numerosos asistentes tuvieron la oportunidad de disfrutar de las proyecciones de "La memoria es vaga"de Katie Halper y "Sta.Cruz...por ejemplo" de Günter Schwaiger.
Ambas, junto a La mala muerte" forman parte de "Imágenes contra el olvido", una serie de excelentes documentales de Memoria Histórica al rededor de los cuales se ha constituido recientemente una asociación.
El martes Floren Dimas nos ofrecía un análisis exhaustivo de la ley de la MH desde la perspectiva de la primera asociación de víctimas del franquismo. Además nos entregaba un documento a la asociación de Soria y a su presidente, considerándonos miembros de honor de Amigos de los Caidos por la Libertad, gesto que nos conmovió y que agradeceremos siempre.
La última intervención ha sido la anteriormente mencionada de Francisco Etxeberria Doctor Antropología Forense en la unversidad de Donostia, cuyo equipo va a recibir el día 11 de manos del Lendakari, el premio de derechos humanos René Cassin. Su intervención mostró desde el punto de vista humano el tema de la memoria, además expuso el rol de cada elemento que interviene en algo tan amplio como es la MH.
En estas dos últimas intervenciones tambien acudieron personas sordas y Nuria, de ADÍA ejerció de interprete.
Los derechos humanos han sido el hilo conductor de una jornadas en un ambiente de respeto, cercanía, construcción, conocimiento y altruismo; y la verdad, la justicia y la reparación las tres claves fundamentales y nacesarias para aplicar esos derechos humanos.
Quiero agradecer al Ayuntamiento de Soria, sus técnicos y en concreto al concejal de Cultura Jesús Barez, su colaboración y su valentia, cediendonos la sala polivalente del palacio de la Audiencia, la sala de exposiciones, el dinero para sufragar los gastos y su apoyo.
Tambien a ADÍA y en concreto a Nuria que ha hecho un trabajo admirable, demostrando altruistamente que solo hace falta voluntad para hacer un mundo más justo PARA TOD@S.
Por supuesto esto no podría haber sido sin Chema Martín, Jose Mª Rojas, Floren Dimas, Paco Etxeberría, Jose Mª Pedreño y Fidel Cordero que se han acercado hasta Soria NO COBRANDO POR SUS INTERVENCIONES y Katie Halper, Günter Schwaiger y sus respectivos equipos que nos cedieron los derechos de sus respectivos documentales.
Estamos seguros de haber aportado a la sociedad soriana y a quienes se han desplazado hasta ella, la visión más sincera y desinteresada de los voluntarios que entretejemos las exigencias de justicia y recuperación de la memoria, porque el conocimiento es el único camino para la construcción de una existencia libre.
Iván

3 de diciembre de 2007

Tercera jornada sobre la Memoria Histórica


El sábado, 1 de diciembre, a las 17,30 de la tarde, en la Sala Polivalente del Palacio de la Audiencia, tuvo lugar la tercera jornada que, sobre la I Semana de la Memoria Histórica, se está desarrollando en Soria.


Este día se proyectó el documental de largometraje “La mala muerte”, dirigida por José Manuel Martín y Fidel Cordero, quienes se ocuparon de la presentación de la misma y mantuvieron un coloquio una vez finalizada la proyección.


Durante cien minutos, los espectadores pudieron ver una película valiente y, con frecuencia, dura. Un trabajo dividido en capítulos, que recorre la más reciente historia de España, con la sangrienta Guerra Civil como eje, y se resalta la actividad que llevan a cabo las distintas asociaciones y foros de la Memoria Histórica.


También en este, como en otros documentales que hemos tenido ocasión de visionar, son las mujeres las más participativas, las que hablan con menos temor, las que acusan. Con ellas, Martín y Cordero han recogido manifestaciones de gente joven, del historiador Luis Castro, del escritor Rafael Torres, de presidentes de foros sobre la Memoria, y de los hijos y nietos de los asesinados durante la contienda.


Especialmente emocionante fue el testimonio de un vecino de Aranda de Duero, quien relató su peripecia familiar. El padre (creo que era abuelo suyo) fue asesinado y un hijo de 17 años también, por el hecho de lanzar un cohete contra los aviones franquistas que sobrevolaban el cielo arandino, lo que fue considerado, por las autoridades, una burla o provocación. El hijo y hermano, luchando en las trincheras nacionales, al volver a Aranda y conocer los hechos se suicidó. Previamente, en el mismo libro de familia, dejó escrito, a modo de testamento, el motivo de su suicidio, que no era otro que la tragedia sufrida a manos de los que mantenían los mismos ideales por los que él luchaba.


Duras las acusaciones contra algunos miembros de la Iglesia. Un fraile-falangista que, finalizada la guerra, fue a predicar Misiones. O el cura que empujaba, diligente, el camión donde se llevaban a los hombres que iban a ser asesinados. Dicen que en el bonete, o como se llame con lo que los sacerdotes se cubren, llevaba bordados el yugo y las flechas. Para contrarrestar estas actitudes, se escuchó el testimonio de un hombre que elogiaba la actitud del párroco “algo borrachín”, que se atrevió a largar con cajas destempladas a los falangistas –se intercambiaban los falangistas en los pueblos cuando iban a matar- que iban a llevarse a alguno de sus feligreses.


Manifestaciones valientes, decimos, como la reflexión “después de la guerra los obreros siguieron siendo obreros y los asesinos, ricos”. O “después de la guerra, a unos les dieron estancos y administraciones de loterías, y a los vencidos insultos”.


La cifra que se dio para los asesinados por los secuaces de Franco, tomando como base los exhumados hasta ahora y las referencias que se tienen de otras fosas, oscila entre los ciento cincuenta mil y los doscientos cincuenta mil. No se descartan las sorpresas. Son cifras para el horror.

2 de diciembre de 2007

­José María Pedreño, en el segundo día de la Semana de la Memoria Histórica


El presidente de la Federación Estatal de Foros por la Memoria, José María Pedreño, fue el encargado, el viernes, 30 de noviembre, de transmitir a los reunidos en la Sala de Actos del Palacio de la Audiencia, sus vivencias en las actividades que conlleva la federación que preside.



Al principio se proyectó el documental “Los cinco de Celorio”, un homenaje a cinco de los miles de asesinados durante la Guerra Civil Española, en este caso en la localidad asturiana de Celorio. Una película donde se muestra quiénes y cómo participan en las exhumaciones, emotivo y enervante a la vez, que mostró, entre otros aspectos, el miedo que todavía subyace en la mayoría de las personas que vivieron aquellos años, un miedo transmitido de padres a hijos, bien estructurado y alimentado desde el Estado fascista, a fin de que nadie osara levantar la voz unos decibelios más de lo que ellos permitieran.


Al igual que hiciera, el día anterior, José María Rojas, su tocayo tampoco utilizó apuntes, por aquello de que cuando las cosas se tienen claras, las palabras salen solas. Habló del “genocidio ideológico” que supuso la ruptura sangrienta del gobierno legal de la República. De los pioneros en asociarse, los guerrilleros y los excombatientes. De libertad, justicia y derechos humanos, que en España todavía han de escribirse con minúscula. De la paradoja que supone, mejor diríamos agravio comparativo, el hecho de que en España exista un marco jurídico que permite al juez Garzón investigar los desaparecidos en Chile o Argentina, y en cambio, en España, todavía los franquistas hacen alarde de su ideología. Los falangistas –herederos de aquellos que mataban en las tapias-, bien organizados, desfilan por el centro de Madrid con sus uniformes y sus banderas, y ministros de la dictadura, léase Fraga, Martín Villa, etc., a quienes Franco hacía firmar solidariamente las penas de muerte, siguen en cargos de poder. Dijo que, mientras la derecha francesa indemniza a los familiares de las víctimas del nazismo, en España parte de esta misma derecha es heredera del franquismo.


Especialmente crítico fue con la Ley de la Memoria Histórica, a la que Pedreño atribuye un intento de frenar el movimiento joven de la Memoria, de llevarlos al redil, a fin de tenerlos callados o amordazados. Mientras en Bosnia, el Ejército Español exhuma cadáveres, en España la Ley de la Memoria no contempla esta posibilidad, debiendo ser los familiares los que carguen con los gastos y los voluntarios de las asociaciones con el trabajo, dándose la circunstancia de que aquellos asesinados que no tienen familiares vivos, al no ser reclamados, nunca podrán exhumarse.


Entre otras cosas, anunció el diseño de una estrategia, por parte de los responsables de asociaciones y foros por la Memoria, para acudir a un tribunal internacional que dé solución a temas del pasado más cruel y reciente de nuestro país, visto la incapacidad para llevarlo a cabo por parte de este y otros gobiernos de España.

30 de noviembre de 2007

José María Rojas inauguró la Semana de la Memoria Histórica


José María Rojas, miembro de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Aranda de Duero (Burgos), fue el primer invitado a participar en la Semana que organiza su homónima de Soria.


Sin notas, solidariamente (o sea, sin cobrar), fue presentado por Iván Aparicio (presidente de la de Soria), y apoyado por Nuria, que transmitía en lenguaje para sordomudos lo que José María iba diciendo.


La bandera republicana presidió el acto, una bandera que portaba Rojas, desobediente con los consejos, instrucciones, recomendaciones o lo que fuera que el Partido Popular lanza en sus soflamas. La sala polivalente del Palacio de la Audiencia estaba llena y entre el público, Jesús Bárez, quien ha hecho todo lo posible –consiguiéndolo- para que la Semana de la Memoria Histórica estuviera patrocinada por el Ayuntamiento de Soria.


José María Rojas expuso, durante más de una hora, sus propias vivencias, sus duras vivencias, como miembro de la Asociación de Aranda. Un trabajo –fundamentalmente el de exhumar asesinados- inmenso y arduo, envuelto en el miedo de los que vivieron aquellos hechos y son depositarios de la memoria, del recuerdo de los parajes donde fueron inhumados. Transmitió la angustia de los familiares, la labor del voluntariado, el apoyo de las instituciones –poco y a veces a regañadientes-, todo el proceso que transcurre desde que un familiar muestra su deseo –necesidad a veces- de recuperar los restos del asesinado, hasta la inhumación en los cementerios, donde poder recordarles con dignidad.


En cuanto al trabajo del voluntariado, aunque José María Rojas no se extendió, sino que informó tras una pregunta, habrá que convenir en lo fundamental de éste. Sin voluntariado, en estas asociaciones, no se podría hacer absolutamente nada. Nadie cobra y todos deben robar a sus ocios el tiempo para dedicarse a ello. Duermen y comen donde se les ofrece cobijo y yantar o a costa de sus propios bolsillos.


Tuvo Rojas palabras de ponderación para el libro “La represión en Soria durante la Guerra Civil”, de Gregorio Herrero y Antonio Hernández, publicación que tuvo lugar en 1982, y que podría tildarse de la más valiente que se ha hecho sobre este tema.

5 de noviembre de 2007

Sucedió en Fuentebella y en toda Soria

El tema de la barbarie cometida los primeros días después del 18 de julio de 1936, y la represión de los años franquistas, en especial los inmediatamente posteriores a 1939, ha supuesto para muchas personas motivo de reflexión, investigación y, sobre todo, de rabia e impotencia. Unos sentimientos que, en mí, se acrecentaron después de leer la publicación de Gregorio Herrero y Antonio Hernández “La represión en Soria durante la Guerra Civil”, el trabajo más valiente y comprometido dado a conocer en Soria, más si se tiene en cuenta que habían pasado pocos años desde la muerte del dictador Franco.
Algunos grupos políticos, determinadas personas, gente que vivió el horror de aquellos años, algunos con verdaderos deseos de olvidar, los medios de comunicación en general, tratan los hechos ocurridos durante la Guerra Civil de manera global, contando los muertos por encima y los hechos de manera distante. Desde una perspectiva acorde con la velocidad de la vida esto resulta lógico, no se puede estar constantemente volviendo atrás. Ensayistas ahondan en esos años analizando las causas que llevaron al golpe de Estado, y la guerra como una contienda más, un prolegómeno de lo que iba a ser la Segunda Guerra Mundial. La pregunta es ¿por qué no nos detuvimos hace ya muchos años y se investigó a fondo, no ya la guerra, sino la represión fuera de las trincheras y durante los primeros años del franquismo? Eso sí hubiera podido cerrar las heridas.

Es ahora cuando los jóvenes se están dando cuenta de lo que significó aquella contienda y, sobre todo, la represión previa y posterior a ella. Por eso no es extraño que asociaciones en pro de la Memoria Histórica, estén compuestas por jóvenes, como Iván Aparicio en la de Soria, que no la sufrieron, que no hubo muerte ni desaparición entre los miembros de la familia, pero que comprenden lo terrible de lo sucedido.

Es ahora cuando, pasado el letargo impuesto, desaparecido el miedo que ha sellado bocas, aparece, por ejemplo, un artículo a toda página en el periódico La Razón, dando a conocer una carta donde se explica la muerte de Federico García Lorca, y se sabe, de paso, que el ensayista Fernández Almagro –a cuyos trabajos todos habremos acudido alguna vez- escribió en 1939 una artículo titulado “La Genealogía de los rojos”, llamándoles criminales sedientos de sangre y otras lindezas.

Cuando cualquier investigador acude a los archivos, a las familias de los represaliados, y se olvida de lo global para adentrarse en el drama particular, lo que sucedió aquellos años adquiere una dimensión humana inolvidable.

Durante este verano de 2007, he llevado a cabo por encargo un trabajo en algunos archivos y registros, precisamente sobre asesinados a partir del 18 de julio. Hablo conscientemente de asesinatos porque ninguno de ellos murió luchando en las trincheras. He podido comprobar de primera mano cómo daban forma legal a algunas de sus actuaciones, de qué forma tan cínica, por lo que resulta fácil suponer qué hicieron cuando no tenían obligación de dejar constancia.

En Almazán, por ejemplo, en el acta del Ayuntamiento inmediatamente posterior al golpe de Estado, escriben: Tomada la palabra por el capitán [de la Guardia Civil, Pedro Sanz de Sicilia y Morales] manifestó que una vez declarado el estado de guerra y por consiguiente asumidas por él las atribuciones superiores en la población, había aceptado la dimisión que de sus cargos de concejales le habían presentado los presentes juntamente con el alcalde que constituyen el Ayuntamiento, [se sabe que no hubo tal, que fueron destituidos] y en vista de lo cual y habiendo puesto el hecho en conocimiento del Gobierno Militar de la provincia, había obtenido de él las atribuciones y órdenes para nombrar en esta misma noche totalmente nuevo ayuntamiento, compuesto por el mismo número de concejales, los cuales fuesen personas de orden, de prestigio, honorabilidad y alejados de las luchas políticas, para responder de ese modo con su noble actuación a la pacificación del vecindario, al levantamiento de los espíritus, y a la vez cooperen con todo su esfuerzo al engrandecimiento de nuestra Patria en el glorioso Movimiento Nacional que el Ejército principalmente ha emprendido y está próximo a terminar felizmente para reconquistar España.

No contentos con hacerles dejar sus cargos, a muchos de ellos les asesinaron. Cuando se acude al Registro Civil, en las causas de la muerte, casi siempre puede leerse: “a causa de la lucha nacional contra el marxismo”. Estos apuntes oficiales sólo se practicaban a petición de los familiares, a veces meses e incluso años después de haber muerto. Esta lucha nacional contra el marxismo se practicaba en barrancos, cunetas y tapias de cementerios, donde eran trasladados en furgonetas o camiones, después de haberles sacados de sus casas y allí, desarmados, se les fusilaba. Después de 1939 hubo juicios, algunos sumarísimos, y el resultado era el mismo. Acabo de ver por tercera vez “Vientos del pueblo. Miguel Hernández”, donde se refleja muy bien esta situación carcelaria previa a los juicios, convirtiendo la película en un documento.

¿Qué hicieron estos hombres y mujeres asesinados en el monte, en las cunetas, en los barrancos? Unos eran alcaldes y concejales salidos de las urnas que trataban de luchar contra el caciquismo y contra los terratenientes. Otros eran personas ilustradas –médicos, abogados, veterinarios, maestros- que pretendían formar a las personas de forma y manera que no pudieran ser explotadas, o sencillamente, tal y como el Gobierno de la República, también salido de las urnas, indicaba que debía hacerse. Muchos eran, sencillamente, ciudadanos más o menos prósperos, que habían suscitado la envidia de sus convecinos. Otros empleados, trabajadores afiliados a la UGT o a la CNT, ferroviarios, empleados de Correos, guardas de montes. Que se sepa, nadie quemó iglesia alguna, ni violaron monjas, ni pasearon a sacerdotes.

Unos días antes de venir a pasar unos meses a Creixell, estuve hablando con Claudio Moreno, un anciano a quien le tocó enterrar a cuatro asesinados en Adradas. Él tenía entonces doce años y setenta y un años después, recuerda perfectamente en la posición que quedaron los cuatro. Uno de ellos era el alcalde de Iruecha; otro, supuestamente, el médico de Arcos de Jalón; un tercero el maestro de Aguaviva; y el último el hijo de un sillero de Arcos. A pesar de haber leído tanto, de haber visto muchos documentos, el relato de Claudio dejaba una honda impresión. Existen personas que nunca nos acostumbraremos a escuchar lo que sucedió durante aquellos años. Claudio recuerda que los inhumaron en el camino de Alcubilla, en un estrecho del monte. También rememora que el alcalde de Iruecha tenía el pelo rizado y llevaba un traje gris y un reloj. El maestro de Aguaviva era fuerte y llevaba una chaqueta marrón. Otro también llevaba un reloj. Saturio, el caminero, los vio bajar de la furgoneta, corrió a esconderse y escuchó los tiros. Cuando les enterraron, el alcalde de Adradas dijo que los relojes podían subastarlos, pero que la ropa se la dejaran pues era lo único que iban a llevarse al otro mundo. El hombre que le tocó en suerte el reloj del alcalde de Iruecha, lo devolvió a su hijo, muchos años después, a petición de él, explicándole cómo llegó a sus manos. Otros tres asesinatos recuerda Claudio, el de un matrimonio y su hija, una moza de veinte años, que mataron “arriba”.

En el libro de “La represión en Soria durante la Guerra Civil”, Herrero y Hernández relata, de primera mano, hechos terribles. En Arcos de Jalón todavía no ha podido saberse cuántos fueron asesinados. En esa villa vivía un importante grupo de empleados de RENFE que fueron pasados por los fusiles.

Dr. Gaya

En Deza fueron diecisiete los fusilados, entre ellos, agricultores, un sastre, un obrero agrícola, un pastor… En Berlanga asesinaron a veintinueve. Lo sucedido en Almazán fue terrible: 30 asesinados. Entre ellos, tres hermanos, dos gemelos. Un estudiante de 16 años: Bienvenido Sanz Jiménez. Representante de comercio, funcionarios de correos, jefe de estación, guarda de montes, dependiente de comercio… Si sorprende la edad de dieciséis años, Claudio Moreno me dijo que por la comarca de Arcos mataron a un seminarista de catorce. En casi todos los pueblos de la provincia de Soria hubo asesinados: Vinuesa, Covaleda, El Royo, El Burgo de Osma, San Leonardo, Almarza… Y la capital, donde, entre otros destacados personajes, sacaron, arrastraron, encarcelaron y mataron al doctor Gaya Tovar, intachable persona, padre del escritor y crítico de arte Juan Antonio Gaya Nuño.


En general les enterraban, es decir, mandaban enterrarles, pero en Almazán se dio el caso de tres –Teodoro Antón, Eleuterio Ruiz y otro apodado “El Churri”- que permanecieron cinco días sin enterrar y las zorras y otras alimañas los despedazaron. A los que murieron de esta forma habría que añadir los que desaparecían un año o dos después por las palizas que les habían dado. No contentos con matarles, a las familias les insultaban, les humillaban. Herrero/Hernández recogen este conmovedor párrafo: “En Deza, los falangistas vigilaban las casas de los fusilados, para que no se oyera el llanto de los familiares y no fuera nadie a acompañarles en su dolor. Vigilaban con camisa azul y armados con fusiles. Entre los vigilantes se recuerda a Bautista Martínez y José Gómez. El corazón se encoge y la pluma duda, temblorosa, relatando estos verídicos sucesos”. Una frase muy repetida por los asesinos, cuando los que sacaban de las casas se volvían para recoger una chaqueta, era “no le va a hacer falta”.


En cuanto a los que mataban, delataban y tomaban venganza por cuestiones personales, creo que no hace falta decir mucho, se sobreentiende, y como después no dieron la cara, no se pueden aventurar nombres que por otro lado todos conocemos. No obstante sí habrá que apuntar que los falangistas se dividían en dos grupos: los camisas viejas y los camisas nuevas, como muy se ocupó de apuntar Trillo-Figueroa en las respuestas que fue dando al periódico SORIA SEMANAL cuando comenzó a publicar artículos que después se convertirían en el libro de la Represión en Soria. Los verdaderamente peligrosos fueron los que, de la noche a la mañana, aparecieron con las camisas azules.


En cuanto a los sacerdotes hubo de todo, algunos, como el de Tardelcuende, impidió los fusilamientos, otros retiraban lo que ocupaba espacio para que las iglesias sirvieran de cárcel. El de un pueblo de Tierras Altas iba en un caballo blanco dirigiendo la represión, y aún otros se disfrazaban de guardias civiles.

Los hechos de Fuentebella

Lo de Fuentebella podría haber sucedido en cualquier otro pueblo de Soria, de hecho fueron demasiados los asesinados en la provincia los primeros días del golpe de Estado de 1936, pero concretamente los dos asesinatos que vamos a comentar ahora fueron ejecutados en Fuentebella, un lugar ganadero de Tierras Altas sorianas, deshabitado desde los años sesenta.

En el nº 1 de la revista “Sarnago”, firmado por Ander Cabrero y familia, aparecía un artículo sobre los dos muertos en Fuentebella, Valeriano Antonio Cabrero Santamaría, alcalde de Pitillas, y Valentín Llorente Benito, natural de Igea y maestro de Fitero. La familia daba a conocer parte de los datos y solicitaba toda la información que se pudiera obtener para localizar exactamente la fosa donde ambos fueron inhumados.

Hablé por teléfono con Maite, compañera de Ander Cabrero, prometió enviarme todos los datos, y al otro día recibí un documento por Internet de 92 páginas, incluidas fotos. El trabajo de investigación llevado a cabo por la familia, sobre todo por Ander y Maite, es de los que envidiaría cualquier investigador de carné. Los viajes, el dinero, la búsqueda por Tierras Altas, casa a casa, persona a persona, las llamadas telefónica, los mensajes por Internet, todo, ha sido recogido en ese documento.

Impacto y emoción me ha producido el encontrarme con una búsqueda que ha dejado de ser número, uno más de los desaparecidos, para convertirse en persona concreta, con pasado –poco, pues le mataron con 33 años- pero perpetuado en hijos y nietos que nunca le han olvidado y hoy, 71 años después de su asesinato, están muy cerca de exhumar sus restos y llevarlos al panteón familiar.

Familia Cabrero

Se trata de Valeriano Antonio Cabrero Santamaría, nacido en Pontano (Huesca), en 1903. En 1928 casó con Juliana Urzain Esparza, tuvieron cuatro hijos, y vivieron en Pitillas (Navarra), hasta su huida a la provincia de Soria. En 1931 entró como concejal en el Ayuntamiento de Pitillas donde, dos años después, comenzaría una lucha que le llevaría a la muerte. La eterna lucha del mundo desde que lo es: los ideales unidos a los trabajadores, frente al poder del dinero. No hay más por mucho que se quiera adornar. Los contrincantes eran muy fuertes, nada menos que los caciques del pueblo. El objeto de la lucha, los trabajadores, para quienes reclamaba la formación de una bolsa de trabajo y el reparto de tierras –corralizas- que habían ido a parar a manos de particulares. Para conseguirlo –o al menos denunciarlo- acudió a la prensa, luchó como si en ello le fuera la vida, y consiguió, en las elecciones de febrero de 1936, ocupar la Alcaldía.



Cuando, el 18 de julio, falangistas, carlistas, miembros de la Iglesia, y otros elementos de la extrema derecha, se preparaban para tomarse la revancha de los cinco años de gobierno legítimo de la República, a Antonio Cabrero le avisó un amigo de que carlistas y falangistas escondían armas en las iglesias y que debía huir de Pitillas. En principio se resistió, pero finalmente, por sorpresa, se despidió de su familia y tomó el camino de la muerte. En el final de esa ruta, hasta el asesinato, le acompañaría Valentín Llorente Benito, nacido en Igea y maestro en Fitero.

Al finalizar la guerra, su viuda escuchó que tal vez podrían haber muerto por la comarca de San Pedro Manrique –donde también mataron a hombres por la iglesia del despoblado de Rabanera- y escribió al sacerdote pidiendo información. Dijo no saber nada, pero un tiempo después, en esa villa, al hermano de la viuda le devolvieron algunos objetos personales, entre ellos la célula de identificación, aunque entre ellos no estaban unas monedas de plata y un reloj, todo de su propiedad, que se había llevado de Pitillas, tal vez para poder subsistir y cambiarlo por ayuda.
Cuando se enteraron en Pitillas de que, efectivamente, había sido asesinado, algunos vecinos, además de quedarse sus propiedades, iban hasta la casa de la viuda para cantarles coplillas y hacer burlas sobre su muerte.

En 1978, la familia retoma la búsqueda, no encontrando más que comentarios cortos y silencios largos. Sería en el 2003 cuando, con Ander y Maite al frente, nieto de Antonio Cabrero y su compañera, se reinicia la búsqueda de forma sistemática. El estímulo añadido –pues ellos llevaban dentro de toda la vida, transmitido, el de la injusticia- fue la Resolución del Parlamento de Navarra, que avalaba y suscribía la “Declaración a favor del reconocimiento y reparación moral de las ciudadanas y ciudadanos navarros fusilados y desaparecidos de Navarra a raíz del golpe militar del 18 de julio”. Esta resolución fue suscrita por todos los parlamentarios, a excepción de los derechistas UPN, que se abstuvieron.

Fue en el año 2005 cuando supieron que el asesinato había sido en Fuentebella. Poco a poco, a través de muchas entrevistas con personas mayores, con antiguos habitantes de ese lugar serrano o sus descendientes, que desde hace años residen en Navarra, Logroño, Barcelona…, fueron uniendo el puzzle de los sangrientos hechos.

Dos pastores de Acrijos acudían a Pitillas con el ganado en busca de pastos, y Antonio Cabrero les conocía. En busca de ese pueblo, limítrofe con Fuentebella, se fue el hombre, montes a través, suponemos que escondiéndose a dormir por las majadas. Después se le uniría Valentín Llorente. Estuvieron escondidos en una taina del monte de Acrijos, donde algunos les llevaban la comida que podían y las noticias que sabían. Pero es difícil en comunidades pequeñas mantener cosa alguna oculta. Tuvieron que marchar al monte de Fuentebella, les buscaron, obligaron a la gente a que les dijeran el escondite, y el 3 de septiembre de 1936 fueron asesinados e inhumados juntos.

La parte de la investigación donde aparecen nombres de personas más o menos comprometidas con los hechos, la familia prefiere mantenerlos en secreto, de momento, y supongo que para siempre. Algunos han muerto y la familia no quiere revanchas, casi ninguna familia que busca a sus muertos las quieren, sólo desean cerrar página teniendo a los suyos –a lo que queda de los suyos- en algún lugar donde poderles llevar flores o donde rezarles una oración. Nosotros respetamos ese silencio.

Familia Cabrero

1936. Fusilamientos entre Fuentebella y Sarnago


Estimados/as lectores/as, el propósito de estas líneas es dar a conocer la búsqueda que en nuestra familia estamos llevando a cabo en torno a estos sucesos.
Nuestro agradecimiento desde este espacio que nos brindan, a todas aquellas personas de la zona que nos están aportando con su colaboración y sus testimonios el conocimiento de lo que fueron los últimos 40 días del abuelo y su compañero; así como su final, aproximándonos al lugar donde nos comentan están enterrados. Su final fue una muerte silenciada en el tiempo, su esperado encuentro es todavía nuestra esperanza.


Estallado el Alzamiento militar, los días 18 y 19 transcurren en Pitillas con normalidad controlando el Ayuntamiento la situación. El lunes 20 llegan grupos armados de Olite y ocupan el pueblo. Las iras de la derecha se centran en la figura del alcalde. Por medio del cura le dicen que debe entregar la vara a lo que Cabrero responde que, si lo hace, será en el propio Ayuntamiento. Allí se dirige precedido por un grupo de gente que destrozan los cuadros de Alfonso XIII, Azaña y Alcalá Zamora.

A partir de ese momento varias personas y el propio alcalde Antonio Cabrero huyen de la localidad. De Pitillas 21 vecinos fueron fusilados.

Valentín su hijo mayor, tenia entonces 7 años, pero todavía guarda fresco el recuerdo de los hechos. Nos dice que todo fue rápido, tras un fuerte abrazo y hablar unas palabras con Juliana, salió por la puerta del pajar y se alejó de Pitillas campo a través.
Antonio Cabrero salió de Pitillas y poco más sabíamos de él.

A primeros de octubre de 1936, llegó la noticia, desde San Pedro Manrique a Pitillas, de que a Antonio Cabrero le habían asesinado en esa zona. La familia, en esos días de incertidumbre y miedo, se puso en marcha para interesarse por lo sucedido y recuperar su cuerpo. Un hermano de la abuela viajó a San Pedro Manrique donde le confirmaron la noticia. Le entregaron un cinturón y la cédula familiar que Antonio llevaba en la cartera, pero ninguna respuesta o información sobre lo sucedido ni sobre el paradero de su cuerpo.

En 1940 la abuela Juliana escribió al párroco Luciano Morga pidiendo información, a lo que el párroco le respondió confirmando con certeza la muerte pero diciendo no saber dónde se encontraba el cuerpo, ya que “oficialmente no hay nada”.

A partir de 1978, su hijo mayor (mi padre) reinicia la búsqueda. Durante 30 años recoge algunos datos sueltos que apuntan a Fuentebella como lugar de su muerte. Aprovecha todas las ocasiones en las que encuentra personas de la zona para preguntar. Los testimonios no son claros y el silencio sobre lo sucedido es una constante.

Es a partir de 2005 cuando encontramos a personas de la zona que deciden ayudarnos. Hacemos un primer viaje, con un descendiente de Fuentebella, al lugar donde sucedieron los hechos y nos relata lo que tiene oído. Durante 2006 contrastamos datos y conseguimos saber que el maestro que se encontraba con el abuelo era Valentín Llorente, Igeano y maestro en Fitero.

Desde noviembre de 2006 hasta hoy, hemos encontrado testimonios que nos ayudan a reconstruir con muchos datos lo sucedido. Con algunas personas nos entrevistamos, con otras la comunicación ha sido telefónica y finalmente el correo electrónico funcionó fluido. A través de Internet hemos encontrado las páginas y revistas de vuestros pueblos, permitiéndonos contactar con personas de la zona que nos han acompañado en nuestra búsqueda A todas ellas les agradecemos, en nombre del abuelo, el maestro y nuestra familia sus testimonios y su afecto. Gracias a estas personas la familia ha recuperado la esperanza de encontrar al abuelo y recuperar sus restos.

En Julio de 1936 el abuelo se dirige a Acrijos buscando el apoyo de unas amistades. En el trayecto a esta población, coincide con el maestro el cual se encontraba en similar situación. En su estancia en Acrijos son escondidos en un corral cercano al pueblo. Allí permanecen durante más de un mes siendo asistidos por algunos pastores y vecinos; les dan de comer “de lo poco que tenían” y algunas mantas para abrigarse. También les dan noticias de lo que acontece en la guerra y de “como van las cosas”.

Según nos han contado en Acrijos se dan, por lo menos, dos registros en algunas casas que creían podían apoyarles. Los registros son efectuados por diferentes patrullas venidas de Igea y fueron realmente amenazantes. Finalmente, algunas personas del pueblo trasmiten al abuelo y el maestro el riesgo y el temor de lo que pueda suceder, con lo que les dicen que es mejor que abandonen el municipio.

Es entonces cuando se trasladan a Fuentebella. Allí nos cuentan que permanecen pocos días escondidos en el “corral de la Era de Alonso”. La situación se complica, a pesar de ello, un cabrero de Fuentebella les llevaba a diario comida e información. La noticia de que estaban en Fuentebella llegó a las “autoridades” de San Pedro Manrique. De allí comunican al alcalde que tienen que buscar a los “huidos” y matarlos; Nos dicen que el alcalde juntó a algunos cazadores de Fuentebella y fueron a buscar al Cabrero que les ayudaba. Este se hallaba escondido. Tras amenazar a su padre con una escopeta, lograron que éste les condujera al corral donde se encontraban. Los hicieron salir y los condujeron a la zona de Moscares, siendo asesinados y enterrados los dos juntos bajo unas piedras entre la huerta de Sebastián Ortega y el barranco Pertigoso.

Los últimos testimonios nos han indicado, incluso con planos manuales, el lugar de los hechos. Con el plano en la mano, a finales de abril, fuimos al lugar acompañados por personas de varios pueblos de la zona. Contrastamos sobre el terreno el mapa el cual coincide con el mismo lugar que ya nos habían señalado otros testimonios. El crecimiento de matorrales y los diferentes cantarrales no nos permitieron encontrar el lugar exacto de la fosa, pero sí concretar el escenario de los hechos.

En estos momentos estamos gestionando los permisos correspondientes para poder llevar a cabo la búsqueda sobre el terreno y en su caso la exhumación de los restos, por lo cual agradeceríamos cualquier información al respecto.

Sabemos que estos sucesos fueron conocidos en su día por los habitantes de los pueblos y transmitidos a siguientes generaciones. Os agradeceríamos que habléis del tema con vuestros mayores ya que cualquier dato nos puede seguir facilitando encontrar el lugar del enterramiento. De esta manera, esperamos cerrar esta página de la historia, recuperando la verdad de lo ocurrido y con ello la memoria y dignidad de los todavía desaparecidos Antonio Cabrero Santamaría y Valentín Llorente Benito.

Un saludo, Ander Cabrero y familia.

Para cualquier información, podéis poneros en contacto con nosotros: maizal@cop.es

“Antonio Cabrero Santamaría Alcalde de Pitillas (Navarra) y Valentín Llorente Benito, vecino de Igea y maestro en Fitero, fueron asesinados en septiembre de 1936 en el término de Moscares, (Fuentebella)”

Genealogía de los rojos

Genealogía de los rojos
Melchos Fernández Almagro
Publicado en La Vanguardia, el día 6 de mayo de 1939

Extranjera tenía que ser –dado su alejamiento de nuestras realidades- la persona que acaba de preguntarnos:
- Pero, ¿es que, entre los rojos, no había más que criminales…?
Quien así expresaba cierto asombro, no se decidía a creer que en las redadas hechas por la Policía, de traidores a España, no figurasen hombres de pensamiento más o menos peligroso o envenenado, que por alguna circunstancia de su vida o de su carácter, pudiesen merecer, siquiera en grado mínimo, una presunción de buena fe; sino criminales natos y netos, responsables de delitos comunes, con todas sus consecuencias, sin nada que justificase, ni muchísimo menos, ninguna interpretación benigna de ideas y conductas. Criminales todos, en efecto…


Con veracidad irrecusable, afirmó Menéndez y Pelayo que ningún heterodoxo español se levantó jamás tres palmos sobre el suelo. Pero si no contamos, por ejemplo, con un protestante de talla digna de especial consideración, tampoco la ha alcanzado, ya en lo contemporáneo, afiliado alguno al socialismo o al anarquismo, heregías de nuestra edad. Unos y otros se han limitado a seguir, sin matices propios, desprovistos de personalidad intelectualmente estimable, las doctrinas aprendidas en los libros…-si en los libros las aprendieron-, o en las conversaciones de los “clubs”, cafés y tabernas. El marxismo, al cabo, es una teoría, venenosa en grado máximo, pero teoría que requiere estudio. Y es típico de los marxistas españoles, que llegaron a profesarla, sin pretensiones ideológicas de ninguna especie, como las manifestadas por sus correligionarios de los países escandinavos, de Bélgica o de Inglaterra, donde se infiltran por sinuosos caminos de proselitismo intelectual. Por lo que hace a España, las llamadas Casas del Pueblo no tenían otras puertas francas que la del odio a todo lo existente, y la del crimen, encubierto o palmario.


De suerte, que ninguno de los fementidos sujetos que han ganado, por salpicaduras de la sangre vertida, el título de “rojos”, puede contar con antecedente de cierta índole, en la historia del pensamiento español, porque el capítulo que pudiera afectarles está por escribir, y la materia por ser reproducida… El pensamiento español nunca ha sido rojo. Y si, entre otros fenómenos de menor cuantía, se ha dado el krausismo, es evidente que ni éste trascendió a la masa, quedando confinado a unas cuantas tertulias de salas universitarias, ni directamente influyó en la desmoralización de la conciencia popular. Los krausistas cometieron pecados y yerros a los que no es ajeno el muy grave de sembrar las horrendas negaciones que han dado frutos de sangre, harto conocidos. Pero ellos, personalmente, no practicaron el crimen y aún se mostraron opuestos, con remilgos no sabemos hasta qué punto sinceros, a la efusión de sangre.


Más que los hombres del 73, promotores de una República, antes contraria al sentimiento nacional por sus principios que criminal por sus procedimientos, quienes marcan el (…) de los rojos de hoy son las turbas que, en cualquier momento de nuestra azarosa historia contemporánea, se lanzaron al pillaje en toda su escala, al crimen en todas sus formas, al franco asesinato…


Plantado, en una de las encrucijadas que, de vez en cuando, solían presentar la opción alternativa a la ley o a la anarquía, don Francisco Martínez de la Rosa, en 1821, escapó por la fácil línea de la Literatura al uso, diciendo unas palabras que bien pueden definir el equívoco propio del liberalismo democrático de la Monarquía constitucional y de la República burguesa. A saber: “No veo la imagen de la libertad en una furiosa bacante, recorriendo las calles con hachas y alaridos; la veo, la respeto, la adoro, en la figura de una grave matrona que no se humilla ante el poder, que no se mancha con el desorden…”.


La invencible fuerza suasoria de la realidad en torno, hizo saber al buen Martínez de la Rosa que la matrona de su símil no sólo se manchaba con el desorden, sino con las violencias de mayor infamia, y que, pese a todos los distingos, se comportaba exactamentge igual que “la furiosa bacante” por él apostrafada. Con una u otra retórica, han sido muchos los políticos que han creído, por modo análogo, que la libertad, paradógicamente, es una prudente y dócil pupila, capaz de plegarse al gusto de sus tutores. Los republicanos de 1931 no recogieron lección alguna del pasado, y sin prever –porque unos no podían y otros no querían- la degradación del pueblo en plebe, se lanzaron al ensayo de un régimen sin principios, frenos, ni contrapesos. Las premisas de aquellos juristas con gorro frigio prejuzgaron la conclusión que los descamisados de siempre no tardaron en deducir.


En semejante proceso debieron reparar cuantos guardasen memoria de Francisco Ferrer Guardia, verdadero progenitor del republicanimso que puso a España en trance de muerte. Éste sí que quiso todo lo que las turbas ensayaron en 1909 y volvieron a realizar, en mucha mayor escala, con extensión e intesidad insuperables, en toda la España del Frente Popular. Ferrer Guardia empezó por ser un republicano progresista de los que creían en Ruiz Zorrilla, empeñado en sacar de sus chistera la paloma imposible de una “República de orden”. Y acabó siendo anarquista de los auténticos, de los que derivaron resueltamente en delito sin atenuaciones: seductor de mujeres para robarlas, confabulado con las Internacionales para toda empresa de destrucción, aquí o allá; inductor de terribles atentados, cuando no participante directo en su perpetración; flor genuina de las logias más caracterizadas, que hizo de la dinamita, de la tea y del puñal, instrumentos de acción política y de pedagogía societaria.


El tronco de los revolucionarios anarco-marxistas que hubieran dado al traste con nuestra España, de no mediar, providencialmente, la espada de Franco, está en Ferrer, y éste, a su vez, hinca sus raíces en la más infame tradición de los crímenes del siglo XIX. Sus discípulos inmediatos, los “jóvenes bárbaros de 1909”, a través de años y generaciones, se enlazan, hacia atrás, con los que en el trienio liberal asaltaron la Cárcel de la Corona para asesinar al cura Vinuesa; con los que, en 1831, se dieron a feroz matanza de frailes; con la Mano Negra; con el bandolerismo andaluz; con los anarquistas del fin de siglo, que sembraron el terror en Barcelona… Y se enlazan, hacia delante, con los pistoleros del sindicalismo y de otras tenebrosas Organizaciones, dentro y fuera de Cataluña; con los revolucionarios de 1917, que ya volaron trenes e iniciaron el macabro sistema de los “paseos”; con los dinamiteros de Asturias, de 1934; con los que, bajo la capa del Poder público, se especializaron, en estos últimos años, en los distintos ramos del crimen: asalto de fincas, incendio de edificios religiosos y civiles, caza de hombres…


No es otra la genealogía de los rojos, asesinos y desvalijadores de España. La existencia entre aquéllos de algún que otro abogado, de unos cuantos catedráticos y hasta de algunos sedicentes católicos, no quiso decir que en la siniestra familia ácrata-marxista se diesen matices varios de carácter ideológico o de extracción social, sino que todos, solidariamente, se hundían en una común traición a lo más puro y noble del genio hispánico.

Miguel Hernández en el corazón



Hace más de cuarenta años llegaba yo, con doce, a Barcelona, inmigrante en tercera con vagones de madera, las pateras de entonces, no mortales, desde luego. A los pocos meses, alguien, al decirle yo mi procedencia, me llamó “aceitunera altiva”. Extrañada, le respondí que en casa no teníamos más aceitunas que las ya prensadas, o sea, el aceite que comprábamos. Cuando se aclaró la cosa, supe por primera vez de Miguel Hernández. Pero habría de pasar más tiempo –poco- hasta que tuve acceso a su poesía. Un compañero de trabajo me dio unas cuantas copiadas a máquina de escribir. Y en esto llegó Joan Manel Serrat y universalizó al gran poeta.

Muchas veces, a lo largo de mi vida, me he parado a pensar por los derroteros que hubiera caminado mi formación de no haber encontrado los magníficos compañeros –con el jefe a la cabeza- que encontré en Barcelona. Con cualquier motivo me regalaban libros. Todavía conservo obras completas de Lorca, Cervantes, Shakespeare…, de editorial Aguilar, regalos del señor Serra. Josep Baulies (muerto a tan temprana edad, la misma en la que murió Hernández) me compraba cada año, por mi santo, un libro de Unamuno. O los discos de Edith Piaf, de Lolita, la encargada. También me obsequiaban música. El señor Serra, además, era un magnífico rapsoda y, mientras revisábamos las facturas de proveedores, le escuchaba recitar a Calderón, Lorca y Miguel Hernández. ¡Aquél rayo incesante en su voz recia! Nos las sabíamos de memoria. Todo esto para decir que, desde los catorce años, llevo a Hernández en el corazón, y lo he recitado muchas veces, en viejas y añoradas reuniones con amigos. Sobre todo la Elegía a Ramón Sijé, quizá por aquello de que todos tenemos un Sijé en nuestras vidas.

De vez en cuando reverdece mi pasión, tanto por Hernández como por Lorca –a quien guardo una reprimenda por lo mal que le caía Miguel- y sucedió días atrás, después de volver a ver la larga película que sobre él proyectaron en TV2, deseosa como siempre de que no acabara nunca. Vuelta a Internet, donde escuché en un programa de radio de hará unos treinta años, la voz cantarina y todavía joven de una Josefina Manresa contando pequeñas cosas, acompañadas de una risa por fin adquirida, una risa que hubiera hecho muy feliz a su marido, pero hay que reconocer los pocos motivos de la “casta y sencilla” Josefina para reír mientras estuvo casada con Miguel. Dentro de unos días recibiré un disco que he pedido de Manuel Gerena, quien ha incorporado la voz de Miguel Hernández recitando en las trincheras su Canción del esposo soldado.

Esa pasión cíclicamente renovada por el grandísimo poeta, me ha llevado a dar con una biografía de él, publicada en 2002. Su autor es José Luis Ferris. Tal vez a Ferris le gustaría llegar a saber –a mí me ocurriría- que no acertaron los empleados de la empresa de paquetería a dar con mi dirección en Creixell, pasaron unos cuantos días, yo me desesperaba porque quería empezar a leer ya una biografía de más de quinientas páginas y más de cuatrocientas notas, y fui a buscarla yo misma al polígono industrial de Tarragona. Tengo por costumbre no utilizar el coche casi nunca, por lo que fui en transporte público. Entre unos y otros buses, con el añadido de la búsqueda de una nave escondida en el fragor de un polígono industrial, tardé casi cinco horas, desde Creixell, en tener el libro en la mano. Abrí el paquete temblorosa y me dirigí a la parada del bus leyendo, permanecí una hora exactamente esperando el transporte sin dejar de leer, y así hasta Creixell. He tardado dos días con parte de sus noches, sin dejar la lectura, sólo lo indispensable.

No quería que terminara nunca, pero tampoco dejaba de leer. Cuando acabé las últimas letras (una carta de Vicente Aleixandre, de 1946, al poeta Juan Maderos), unas palabras que dicen: “Era un alma libre que miraba con clara mirada a los hombres. Era el poeta del triste destino, que murió malogrando a un gran artista, que hubiera sido, que ya lo es, honor de nuestra lengua”, al finalizar, digo, un vacío muy hondo y muy grande quedó en mi pecho, un hueco que se fue llenando de rabia hacia todos los que le dejaron morir, hacia ese religioso Almarcha sólo preocupado por la salvación de su alma, hacia el padre del poeta, hacia los supuestos amigos. Sólo, en la enfermería de la cárcel, supurando litros de pus por los pulmones enfermos, febril y con una sola frase en la boca: sacadme de aquí.

Y a la vez sentí una admiración más grande todavía por un hombre que a los treinta y dos años no le dio la real gana de vivir si eso suponía adherirse al régimen fascista y nazi de Franco, como pretendía la gentuza que le visitaba periódicamente. Me gustaría, desearía, que la obra del grandísimo Miguel Hernández Gilabert, no fuera jamás ensuciada por los ojos de ningún fascista.

Desde estas líneas quiero felicitar a José Luis Ferris por el gran trabajo realizado. Nada de especulaciones. Testimonios orales y escritos y golpe de documento. Que la gente que lo lea se entere de una vez qué pasó, no ya en las trincheras, eso es fácil imaginarlo, como en todas las guerras, si no en las cárceles franquistas después de acabada la contienda, y no sólo con Miguel Hernández, también con miles y miles de gente anónima. Que sepan que en las sentencias dictadas en consejos de guerra, se decía: FALLAMOS que debemos condenar y condenamos al procesado (el que fuera) como autor de un delito de ADHESIÓN a la rebelión militar a la pena de MUERTE”. ¿Cabe mayor sarcasmo? Los que se rebelaron fueron los fascistas, los que hubieran debido ser juzgados por adhesión eran los nacionales, los azules, los de Falange. En fin, qué tristes los destinos de este país.

Palabras: Miguel Hernández. José Luis Ferris

El asesinato de Lorca y la “Genealogía de los rojos”

Tres meses después de su publicación, me han enviado una fotocopia de la página nº 49 del periódico La Razón, de fecha lunes, 4 de junio de 2007. Se trata de un artículo de Víctor Fernández titulado “La carta que cuenta el asesinato de Lorca”.


En ella aparecen tres personajes, dos de ellos intelectuales durante la era franquista a quienes no les suponía tamaño componente fascista: Gregorio Marañón, médico y escritor y Melchor Fernández Almagro, ensayista y académico. El tercero, Manuel Luna Pérez, perito, tío de Antonio Luna, miembro de la tertulia de García Loca en el Café Alameda, de Granada. Secundarios.


He dudado entre las comillas o la negrita para resaltar los párrafos de la carta que dirige Manuel Luna a Melchor Fernández Almagro, llamándole “Muy señor mío y correligionario”. He optado por lo primero, ya que la negrita convertiría en algo vomitivo unos comentarios tan terribles y asesinos –en toda su literalidad- como los que se usaron en la misiva.
En ella le explica Luna a Fernández Almagro, que al encontrarse con el doctor Marañón, en París, éste sacó del bolsillo un artículo de La Vanguardia donde Fernández Almagro había escrito “Genealogía de los rojos” y a él, a Luna, le había “entusiasmado”, y a Marañón “le había gustado muchísimo y le servirá de base y argumento para un trabajo suyo de los que envía a La Nación de Buenos Aires. Agregó que tiene usted toda la razón, que todos los izquierdistas de España han sido siempre unos criminales sedientos de sangre y no otra cosa, que el liberalismo, el republicanismo, el socialismo y el acratismo en España no han tenido jamás una sola figura y sólo tontos explotables y bandidos explotadores, sin que haya habido entre ellos, desde los Comuneros a Negrín, nadie digno de respeto o siquiera mención. Le repito que estaba entusiasmado con su artículo de V. y creo recordar que me dijo que había hablado de él con Lequerica y que éste fue de opinión de que debía ser reproducido por la prensa madrileña”.


Después de la parrafada se presenta a Fernández Almagro (“V. quizá no se acuerde de mí, soy Manuel Luna…”), y el tal elemento continúa: “En Granada me he distinguido bastante. Fui de los que asistieron, en una madrugada de agosto, al fusilamiento, en el cementerio, ante las fosas abiertas, de setenta rojos, todos ellos bandidos, asesinos, criminales, violadores, incendiarios… Y gozé mucho, muchísimo, porque se lo merecían. Entre ellos estaban el presidente de la Diputación roja Virgilio Castilla, el ex gobernador rojo de Alicante Vicente Almagro, el alcalde rojo de Granada Montesinos, el ingeniero de caminos y exdiputado constituyente Santacruz, el exalcalde de Granada Fajardo, el diputado Corro y otros más, médicos, catedráticos, abogados, ingenieros, procuradores, etc. Hicimos una buena limpia. Algunos días después cogimos al gran canalla de García Lorca –el peor de todos- y lo fusilamos en la Vega, junto a una acequia. ¡Qué cara ponía! Abrazaba los brazos al cielo. Pedía clemencia. ¡Cómo nos reíamos viendo sus gestos y sus muecas! Pertenecía a la ronda depuradora de Ruiz Alonso. Pero como le digo tuve que irme por asuntos particulares a Zaragoza y después a Oviedo. En ambas poblaciones ayudé también a la depuración. En Oviedo pasé también un rato muy agradable viendo fusilar al miserable de Leopoldo Alas Argüelles, el hijo del repugnante Clarín. Ahora estoy en París y me río mucho viendo el miedo que tiene esta canalla francesa a los alemanes e italianos. ¡Qué diferencia entre nuestra gloriosa España nacionalista y esta Francia corrompida, podrida hasta los tuétanos! Por algo dice Marañón que aquí se ahoga y que está deseando verse en Madrid lo más cerca posible del Caudillo…”.


En este artículo de Víctor Fernández hay dos temas que, si bien relacionados, son terribles cada uno en sí mismo. La descripción de los asesinatos de personas de izquierdas por el hecho de serlo, entre ellas García Lorca, y el artículo de Fernández Almagro “Genealogía de los rojos”. Del primero está reproducida, íntegramente, la carta de Luna. El segundo apareció el día 6 de mayo de 1939 en “La Vanguardia”, según Víctor Fernández.


Para algunos, parapetados en los acuerdos tácitos de la Sagrada Transición, deberíamos olvidarnos de estas cosas de una vez, como si hubieran sucedido en tiempos de Pipino el Breve.


Yo, celebro que se publiquen, y celebro todavía más que hay sido un periódico como La Razón el que lo haga. Si ellos lo dicen qué no podrán decir otros. Que lo digan de una vez.

A vueltas con la Memoria Histórica

La Ley de la Memoria Histórica lleva camino de sufrir un trasteo serio y cuando se apruebe, si se aprueba, nadie estará contento, pese a que se adelgace tanto que no cumpla ni las espectativas más suaves.
CiU –Convergència no existía en 1936, pero sí Unió- quiere que se condenen los “abusos y actitudes arbitrarias en la retaguardia republicana, especialmente duras, dicen, en Catalunya”, que se reconozca la violencia sufrida por los nacionalistas y católicos, algunos fieles a la República, represaliados por sus convicciones religiosas.
Si los dirigentes nacionalistas catalanes no argumentan otra cosa, esta ya la sabíamos. De 1936 a 1939, hubo una guerra en España, y no se tiene noticia de ninguna contienda amable y educada, salvo las que nos contaba Gila por el teléfono.
Del Partido Popular no diremos nada. Ya se sabe que ellos no están de acuerdo con esta Ley, no en alguno de sus aspectos, sino en todos. A algo profundo se deberá esta actitud.
Creo que con la Ley de la Memoria Histótica no se debe abrir el debate de esos tres años donde todos, o casi todos, mataron, torturaron, destrozaron. Aunque si se abriera, habría que hacerlo con la premisa, indiscutible, de que había un gobierno elegido en las urnas y la gente de Franco dio un golpe de Estado sangriento, muy sangriento.
Creo que eso es un a priori ya muy sobado. Unos iniciaron la tragedia y los otros se defendieron, y pasó lo que pasó.
La Ley de la Memoria Histórica será, o debería ser, un código que compense a los represaliados durante los años de franquismo, sobre todo los inmediatamente posteriores a 1939, teniendo en cuenta que esa dictadura era ilegítima.
Una ley que asuma, como principal objetivo, la exhumación de todos aquellos que fueron sacados de sus casas, trasladados a lugares solitarios y asesinados vilmente. Es de Justicia que todos tengan una inhumación digna, por fin. A mí eso me daría igual, o eso creo porque nada de eso sucedió en mi entorno, pero a la mayoría de las familias no. La nulidad de todas las sentencias franquistas es otra deuda que una parte de la sociedad española tiene con la otra y que debe llevar a cabo el actual gobierno con esta ley, que ya veremos en lo que queda.

La Memoria Histórica Soriana

Conozco a Iván Aparicio y sé que trabaja por sacar adelante –junto con más de cincuenta personas- la Asociación Soriana por el Recuerdo y la Dignidad. Hemos hablado varias veces de su tendencia anarquista, de su necesidad espiritual de vivir en un ambiente acorde con su pensamiento, algo que, tal vez no consiga nunca, o sí, ya se sabe que cuando algo se desea con fervor y uno se empeña en ello, muchas veces se consigue. Sé también que es una buena persona y muy trabajador, un carpintero manitas, pese a su juventud.
De la asociación habíamos hablado muchas veces y, sin que tuviera argumentos para ello, pensé que estaría compuesta por personas mayores y relacionadas con las que mataron en Soria y su provincia después del levantamiento militar de 1936. Por cierto, muchas. Algo que siempre ha llamado la atención, ya que ni era ni es Soria lugar donde habitaran y habiten demasiadas personas de izquierdas y anarquistas. Dicen que, como en otros lugares de España, aquí se liquidaron por la vía del tiro en la nuca rencillas y rivalidades personales. Después todo se supo, y hace unos días una señora de más de ochenta años me dijo, el padre de fulana de tal fue el que denunció a mi familia. Ahora, de vez en cuando, toman café juntas, en el mismo grupo. Perfecta demostración del espíritu generoso de mucha gente de izquierdas, que han perdonado sin que nadie les pida perdón.
Pues bien, resulta que la Asociación Soriana por el Recuerdo y la Dignidad, que preside Iván Aparicio, está compuesta, en su mayoría, por jóvenes de izquierdas y anarquistas, muy relacionados con la música moderna y reivindicativa que no dudan en organizar un concierto si necesitan dinero para programar alguna actividad.
Cuando me extrañé de esto ante Iván y le pregunté qué les movía, jóvenes y sin recuerdos directos, a llevar adelante esta lucha, me contestó escuetamente: la tremenda injusticia que se ha cometido con todos los fusilados, muchos de ellos sin ni siquiera un enterramiento digno, ¿te parece poco?Pues no me parece poco, amigo, me parece suficiente. Sobre todo cuando se conocen noticias como la del maquis, Victorino Pereda, enterrado por el cura en Roturas (Cáceres), a la entrada del cementerio, para que “todos pisaran la tumba del rojo”.

Escribiendo sin complejos: sobre la Memoria Histórica

“Frente a la verdad, elegida como ineludible compromiso,
la ignorancia comporta un rechazo de responsabilidades”
Verdad y Existencia”. Jean-Paul Sartre
¿Por qué la derecha teme tanto que se recuerde lo que sucedió en este país hace setenta años? Eso ya es historia, ciertamente, pero es necesario recordarlo, dicen que si no se hace, si un pueblo no conoce su historia, está condenado a repetirla.
Por eso, la Ley de la Memoria Histórica, con todas sus carencias, es la más justa que se ha hecho, porque de justicia es que aquellos que sufrieron y murieron, no ya durante la guerra por el golpe de Estado, sino después, por fin, aunque sea de manera simbólica, se vean resarcidos en parte del sufrimiento.
Pero la derecha, que siempre ha tenido a sus muertos bien enterrados, con lápidas en las fachadas de las iglesias, que saben donde llevarles las flores y cantarles los himnos, no quiere que los otros puedan disfrutar de lo mismo, porque aquello que sucedió, según ellos, fue una Cruzada, y los héroes son los suyos.
Creo que la derecha de lo que tiene miedo es de la Transición, la maravillosa Transición, que en lugar de cerrar la herida con antibióticos, lo hizo con el remedio de la abuela, colocando encima hojas sanalotodo, lo que ha hecho que se infecte y supure.
Con la Transición perdieron los de siempre, y eso lo sabe bien la derecha, con Mariano Rajoy al frente, seguido de los fundamentalistas Acebes y Zaplana. Quisieron hacernos creer que unos y otros habían sido muy malos durante los tres años que duró la contienda, queriendo que olvidáramos los más de treinta años de dictadura con sus muertes y depuraciones, con el silencio y la humillación.
En 1975 perdieron los de siempre. Los que habían vivido o exiliados o arrodillados, tuvieron que perdonar, y lo que es peor, sin que nadie les pidiera perdón. Y tuvieron que ver cómo al frente de instituciones de primera categoría, colocaban a un tipo que de jovenzuelo señalaba en Granada a quién había que pasear. Tuvieron que tragar que franquistas de siempre, represores, se sacaran un carnet de demócratas y se presentaran a las elecciones.¿Se puede idear humillación más grande? No ya que nadie entrara en la cárcel, es que no se exigió ninguna responsabilidad, ni pidieron perdón.
La burla continúa, y con la ayuda de la Iglesia, no han dejado de canonizar a mártires de la Cruzada. Este mismo otoño van a beatificar a casi quinientos, entre los que no están los sacerdortes vascos que mató Franco. ¿Es este el espíritu de la Transición del que se le llena la boca a los de derechas?
Voy a pensar por un momento que a los cachorros peperos no les interesa, no quieren la herencia política que les han dejado sus padres, y sólo quieren conservar la económica, o la de poder. Deberían, en este caso, rebelarse, decirles a sus mayores que quieren de verdad la reconciliación. Pero cómo creer esto si en las manifestaciones vemos pancartas primorosas como “Zapatero con tu abuelo”, o “Al paredón”, en el caso de la motivada por los Papeles de Salamanca.
El estilo exige perdonar, la ética exige que se busque y se le de el lugar que le corresponde a la memoria histórica, sin esto no puede haber reconciliación nacional. Las viudas, los hijos y los hermanos de los que yacían, y yacen, en fosas comunes, vieron en la Transición un respiro para poder salir adelante y fueron generosos tratando de olvidar. Pero después llegan otras generaciones ¿también ellos están obligados a olvidar? Creo que la Ley de la Memoria Histórica, con todas su carencias, puede llegar a ser un bálsamo más eficaz que el sanalotodo de la abuela.